En serie

dani Rodríguez

Cicatrices abiertas

LA HBO convierte en oro todo lo que toca y recientemente lo ha vuelto a conseguir con una promesa que cumple con creces. Se anunció como uno de los estrenos más esperados por la audiencia y con tres capítulos en emisión de los ocho que componen esta temporada ha confirmado las buenas expectativas. True Detective no solo tiene la calidad de un filme, sino que la atmósfera, la historia, los actores y el ritmo caminan con firmeza hacia la obra de arte, dotando a la producción de Nic Pizzolatto (The Killing) de carisma, riqueza y tenebrosa pero belleza visual.

El formato se antoja peculiar. En cada temporada se ofrece una historia centrada en la investigación de unos crímenes pero con personajes (y actores) diferentes. La primera season presenta un concepto y guión muy cuidados con un ritmo lento pero rico y absorbente, pues dos actores de la talla de Woody Harrelson y un majestuoso Mathew McConaughey se encargan de la vitalidad y el talento de este drama/thriller con un halo de misterio. True Detective tiene su propia personalidad. Aunque toma tintes oscuros de otras referencias de la intriga, como The Killing o Broadchurch, añade varios niveles más explotando la historia y la vida personal de los dos protagonistas. El argumento sigue los interrogatorios a los que son sometidos los detectives Rust Cohle (McConaughey) y Marin Hart (Harrelson), quienes investigaron los crímenes de un asesino en serie en 1995, tras la aparición del sello de lo que parece ser el mismo autor. Ambos cuentan los hechos que acontecieron en los campos de Luisiana a través del flashback, un recurso muy bien utilizado en la serie para encadenar el pasado y el presente de los agentes, ya que se irán revelando detalles de cada uno de ellos. La intriga está servida con la seriedad y la interpretación de McConaughey (en la foto, en su caracterización).

El ambiente, que está pintado con unas tonalidades grises y oscuras, engancha con una BSO increíble, capaz de transmitir misterio o tensión en varias escenas en las que los planos son magníficos y muy cercanos para reforzar las expresiones que desnudan a los personajes. Luego, hay que detenerse en los diálogos: frescos, inteligentes y para nada triviales. Siempre esconden un mensaje, una opinión o un toque de moralidad. Tanto las palabras como los silencios se clavan como un dardo por la sinceridad con la que están escogidos.

True Detective ha empezado con buen pie y tiene todo a su favor: una sobresaliente calidad, el aspecto y la atmósfera de una película de elevado presupuesto, dos actores con química y profesionalidad, unos diálogos de cine y, por supuesto, una historia satánica que abrirá cicatrices que no consiguieron cerrarse en el pasado.

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