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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Cuidado con Europa

Cuidado con Europa, tan dada a sacar pecho democrático cuando su historia reciente es un catálogo de horrores

Tighina (Ucrania), noche del 6 de agosto de 1941. Bruno Müller, al mando de una de las unidades móviles de asesinato de las SS, mandó traer a una mujer y a su bebé, desenfundó su pistola y los mató. Quería dar ejemplo a sus hombres de la tarea que les aguardaba tras la apertura del frente Oriental en junio del 41: asesinar a todos los judíos de esa población y de Europa. Müller no era el brutal e inculto resentido que habitualmente se pinta: un obrero víctima de la gran crisis del 29, un pequeño burgués que perdió su estatus en la Alemania humillada tras Versalles, un marginado social o un delincuente que hallaran en las SS la ocasión de dar rienda suelta a su ira, rencor, odio o maldad. Era un educado jurista.

Cuenta este caso, junto a muchos otros de juristas, economistas, filólogos, filósofos e historiadores, Christian Ingrao en su aleccionador y escalofriante Creer y destruir: los intelectuales en la máquina de guerra de las SS. Lo que en él se dice de los intelectuales lo documenta de los científicos Philip Ball en Al servicio del Reich. La física en tiempos de Hitler o John Cornwell en Los científicos de Hitler. Y exactamente lo mismo sucedió en la URSS como han detallado Grossman en Vida y destino, Solzhenitsin en Archipiélago Gulag, Figes en Los que susurran o Aleksiévich en El fin del Homo Sovieticus. Y todo no acabó en el 45 y sólo siguió tras el Telón de Acero. Recuérdese el entusiasmo de tantos intelectuales y artistas occidentales por el estalinismo aún en los 50 y por el maoísmo en los 60 y 70.

Mucho cuidado con Europa, les decía ayer, tan dada a sacar pecho democrático cuando su historia reciente es un siglo de horrores que van de la Primera Guerra Mundial a las guerras yugoslavas. Capaz de lo mejor cuando recuerda sus raíces grecorromanas y judeocristianas -Jerusalén, Atenas y Roma- y de lo peor cuando las olvida -comunismo, fascismo, nazismo-, Europa se enfrenta a un reto que sólo puede superar con unión y realismo. Que África no cabe en Europa, que no hay papeles (lo que quiere decir medios que garanticen a los inmigrantes los derechos y el bienestar de los que disfrutan los europeos) para todos y que los dramáticos problemas africanos desbordan incluso las posibilidades de una ideal Europa unida frente a este drama exigiendo una solución mundial no son -como se reprocha a quienes lo dicen- expresiones xenófobas, sino de realismo y eficacia solidaria.

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