Tribuna Económica

Rogelio / velasco

Deoleo y la venta de empresas estratégicas

DE tanto uso, la palabra estratégica ha perdido su significado, utilizándose en muchas ocasiones para ocultar intereses particulares. En otras, el significado verdadero de la palabra obliga a su uso para referirnos a un caso particular.

Hoy finaliza el plazo para que los grupos interesados presenten una oferta por el 31% del capital de Deoleo. Bankia, Caixabank, Kutxabank y BMN son las cajas de ahorro propietarias de esa participación. Unicaja, con una participación indirecta de más del 11% no ha puesto en venta su paquete.

Deoleo no es cualquier compañía para las economías española y andaluza. Es una de las empresas líderes del país líder en producción y exportación de aceite de oliva a nivel mundial. España representa casi la mitad de la producción mundial y la tercera parte de las exportaciones. De esas cifras, Andalucía representa en torno al 80%.

Cualquier modificación significativa en el panorama empresarial del sector resulta relevante para nuestra economía.

Hay seis candidatos para adquirir la participación señalada. Tres de ellos son empresas de private equity. Éstas van buscando elevadas rentabilidades financieras sin involucrarse en la gestión. Compran hoy porque creen que la empresa está infravalorada o se puede reestructurar rápidamente y vender la participación más tarde. Otro de los candidatos es el fondo Rhone Group, para el que trabaja uno de los hijos de Aznar. El único grupo industrial del sector es la norteamericana Bunge.

Hay un último candidato cuya presencia resultaría inquietante. El gobierno, a través de declaraciones públicas o privadas, debería transmitirle su rechazo a que se convierta en accionista de Deoleo. Me refiero al Fondo Strategico Italiano (FSI). Éste es 100% público. El lema del fondo es "crecimiento, competitividad e internacionalización de las empresas italianas". Está claro su interés por Deoleo.

Es conocido, desde hace siglo y medio, como el aceite español es adquirido a granel por comerciantes italianos y después vendidos por éstos en los mercados internacionales como propio. Buena parte del valor añadido no se genera aquí, sino en Italia.

No es éste sólo el asunto. Los gobiernos italianos han demostrado cuando han querido que vetan adquisiciones de empresas italianas por extranjeras. En la década pasada, Abertis tuvo que renunciar a la compra de Autostrade (autopistas) por las amenazas directas del ministro italiano de Obras Públicas. BBVA se marchó de la Banca Nazionale del Lavoro ante "las intolerables obstrucciones de las autoridades italianas", según declaró públicamente la entidad financiera. Incluso Telefónica, que es el accionista mayoritario de la completamente arruinada Telecom Italia, recibió la negativa de las autoridades cuando planteó una toma de control.

En paralelo, la eléctrica Enel, con participación de control del gobierno italiano, adquirió Endesa. Esta operación no debió tener lugar. Ni tampoco la actual con Deoleo. La compra de empresas con participación pública debería prohibirse en la Unión Europea (UE), al disponer de los presupuestos públicos y jugar con ventaja. Y tampoco deberíamos consentir que otra empresa pública italiana realice otra operación de este tipo mientras los gobiernos italianos no cambien de política.

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