La aldaba
Carlos Navarro Antolín
¡Moción de censura en Los Remedios!
En plena Avenida de la Constitución de Sevilla y frente al imponente edificio herreriano que el rey Carlos III ordenó convertir de Lonja y Casa de Contratación, ya en decadencia, en el Archivo de Indias, una de las instituciones más prestigiosas de nuestro país y más consultadas del mundo, existe una construcción de amplia fachada blanca, de cinco alturas y llamativo torreón de base cuadrada que alcanza las nueve plantas rematado en un mirador singular de arquerías, que se abre a los horizontes sevillanos del río Guadalquivir, el Aljarafe y los altos de Nervión. Esta importante construcción es el Edificio Aurora, que toma su nombre de la sociedad de seguros para la que fue edificado a partir de 1933 con proyecto del arquitecto Antonio Illanes del Río (1883-1973), sevillano de Umbrete. Este arquitecto fue autor de otros edificios representativos de Sevilla, como el Banco de España de la Plaza de San Francisco (1925-1928), el Colegio La Salle Felipe Benito (1926) de la Avenida de la Salle, a continuación de la avenida de Miraflores, el desaparecido Pabellón de la Marina Mercante de la Exposición Iberoamericana, el colegio Claret (1940) y un fallido y monumental encargo de los años cuarenta por parte de los jesuitas, la Ciudad Escolar del Inmaculado Corazón de María en unos amplios terrenos de Huerta del Rey, en el que incluso el arquitecto se atrevía a completar la inacabada basílica que ideó Aníbal González y cuyos comienzos aún existen.
En mi opinión estos edificios y este arquitecto no están valorados como se merecen y sobre todo creo que no son estimados por el común de los sevillanos a la altura de sus méritos y más en los años que rodearon a la Guerra Civil, que con su porte y soluciones arquitectónicas indicaron el camino para una nueva época de Sevilla, más allá del regionalismo que había sido en cierto modo el canto del cisne de un tiempo de anhelos, depresiones económicas y desastres bélicos.
Con la muerte en esos años de Aníbal González y más tarde de José Espiau, algunos arquitectos buscan caminos compositivos más acordes con su tiempo como Gabriel Lupiáñez y Aurelio Gómez Millán en el Mercado de la Puerta de la Carne (1927-1929), el propio Gómez Millán en el Autoibérica (1926) en la calle Sierpes, Antonio Delgado Roig y Juan Talavera en el edificio de Muebles Lastrucci (1934-35) así como el Cabo Persianas (1938-1940) de la calle San Pablo, obra de Rafael Arévalo y Gabriel Lupiáñez, que desató una polémica local que hizo que se decretara su derribo, pero que la firme oposición de Juan Talavera y Heredia consiguió paralizar. Creo que el Edificio Aurora representa uno de los mejores ejemplos de arquitectura de su tiempo en Sevilla, tanto por su elegante traza como por los magníficos detalles constructivos de cerrajería y carpintería de clara inspiración Art-Decó local, y como tal debería ser considerado y estar en esa vitrina mental que los sevillanos hemos dedicado a todo aquello que hace singular a esta ciudad.
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