¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Julio Iglesias y la motosierra
Se ultiman las obras de la casa palacio del número 3 de la calle Segovias que será –sí, lo han adivinado– un hotel. Está pegado, muro contra muro, a otro, casi enfrente hay otro más, a pocos metros hay otros dos y otra casona en obras que será un hotel en una zona sobresaturada de pisos turísticos y anegada de veladores. Pero no voy a protestar. La restauración es ejemplar en las partes que pueden verse y muy elegante en su fachada. Con lo que desde Abades a Argote de Molina la acera derecha (bajando hacia la Cuesta del Bacalao) de la calle Segovias es una ininterrumpida sucesión de casas palacio sin ningún mamarracho que la desfigure. No se puede decir lo mismo de su acera izquierda. Basta fijarse en el espantajo incomprensible con ventanas cegadas de la esquina de Segovias con Don Remondo.
La conversión de casonas en hoteles tiene de positivo que no se derriban. En los terribles años 50, 60 y 70 del siglo pasado, y aún después, esta casa palacio se habría derribado para construir un bloque de pisos tan horroroso como el que está justo ante ella, en la ya mencionada esquina de Don Remondo con Segovias (más digna es la casa, muy años 40, que hace esquina con la barreduela o callejón del hotel Los Seises, en cuya esquina estuvo la papelería de mi hermano amargurista Vilches). Lean y vean Arquitectura civil sevillana de Collantes de Terán y Gómez Stern y se harán una idea de lo que se derribó. Así que mejor restauración y hotel que derribo y bloque de pisos.
¿Una ciudad de fachadas? Mejor que una ciudad de mamarrachos de mala arquitectura contemporánea. En historia del arte se llama fachada pantalla a la que tiene una función más decorativa que estructural. En puridad no es este el caso de las casonas restauradas para convertirse en hoteles, pero tomo prestado el nombre para definir estas actuaciones que son más o menos respetuosas con los interiores, pero mantienen la fisonomía externa. Dado que nunca voy a alojarme en estos hoteles, agradezco poder pasear por calles que conservan, por lo menos, su fisonomía. ¿Qué es un decorado? Pues bienvenido sea. Mejor decorado hermoso que permite mantener una cierta relación con la fisonomía histórica de la ciudad y con nuestra memoria personal de ella que autenticidad horrenda de mala arquitectura de pisos construidos sobre los solares de casas palacio de los siglos XVII y XVIII, casas burguesas del XIX o casas regionalistas del XX.
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