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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

La España irrompible

España no se romperá, como esperan algunos, pero quedará abollada en su cuadrante noreste

De Ignacio Romero de Solís hemos recibido una idea tan sencilla como cierta: España, pese a su aparente fragilidad, es prácticamente irrompible. Si lo dice él debe ser verdad, porque con pocas personas hemos topado que conozcan tan bien un país que ha recorrido minuciosamente, infatigable al volante, en busca de condumios y paisajes. Tenemos siempre muy presente esta condición duralex de nuestra piel de toro y, por eso, cuando Aznar dijo aquello de "antes que España, se rompe Cataluña", comprendimos lo que quería transmitir y no lo interpretamos como una altanería más del coqueto y vigoréxico expresidente, sino como una conclusión lúcida a la par que incómoda. Los sucesos y escaramuzas de este fin de semana le han dado la razón.

Quien todavía crea en la ficción de que el independentismo catalán era un movimiento completamente pacífico tiene un serio problema de interpretación de la realidad. Evidentemente no decimos que todos esos buenos payeses que pasean sus esteladas por rúas y sembrados sean unos terroristas. Nadie duda de sus buenas intenciones y aún más nobles sentimientos. Como suele pasar, la inmensa mayoría de las personas son mansas por convicción, pereza o cobardía. Pero es indudable que ese océano de pequeños Gandhis también es el caldo tibio donde prosperan los gérmenes de una violencia que se lleva alimentando calladamente desde hace décadas. Del España nos roba al ¡A las armas! no hay mucha distancia. Nada nuevo bajo el sol: Cataluña, y especialmente Barcelona, tienen una larga tradición de violencia política. Sólo hay que acudir a los manuales de historia para comprobarlo.

La irrupción de la violencia independentista en las calles este fin de semana (los vídeos no pueden ser más explícitos) ha provocado una fractura más entre los partidarios del procés: los CDR y la CUP contra Torra y su cutre institucionalidad. Un auténtico duelo de titanes en el barro. Cuando en un bando suena la palabra "traidor", como ha vuelto a pasar en el bando indepe, es que todo está a punto de irse al garete. No es que Cataluña se haya roto en dos mitades (constitucionalistas y soberanistas), es que va camino de hacerse añicos.

España no se romperá, pero quedará abollada en su cuadrante noreste. Habrá que hacer ingentes esfuerzos para recomponer lo que quede de una Cataluña libanizada por la irresponsabilidad de amplios sectores políticos, culturales, mediáticos y económicos de ambas orillas del Ebro.

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