EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

El Evangelio según Doraemon

UNA amiga me cuenta que conoce a una madre que está muy orgullosa de que su hijo sólo crea en Doraemon, porque "así el niño está libre de fanatismos". Esta madre no se da cuenta de que carecer de una mínima formación religiosa no pone a un niño a salvo de fanatismos, sino más bien todo lo contrario. Y que conste que por formación religiosa entiendo unos simples conocimientos básicos: quién fue Jesús, quién fue Barrabás, quién fue Judas, quiénes fueron los Reyes Magos, esta clase de conocimientos. No estoy hablando de adoctrinamiento religioso. Hablo de Historia Sagrada. Hablo de historia de la cultura de Occidente.

Stevenson decía que no conocía una obra literaria comparable por su calidad con el Evangelio de San Mateo. Que yo sepa, Stevenson no era creyente, pero sabía que era difícil imaginar una narración tan extraordinaria como la del niño sin padre (o con un padre adoptivo) que nace en un establo y se cree llamado a ser el hijo de Dios y a liberar a la humanidad del sufrimiento, aunque sepa que será traicionado por uno de sus discípulos y acabará muriendo en la cruz. No discuto la calidad de los guiones de Doraemon, pero dudo mucho que puedan alcanzar la profundidad de esta historia.

Lo mejor de la historia de Jesús es que sabemos muy pocas cosas, y todo lo que sabemos está contado por varias fuentes que enriquecen los sucesos o los modifican o los explican de forma contradictoria. El Jesús de San Mateo es muy distinto del Jesús de San Juan o el de San Marcos. Los Reyes Magos sólo aparecen en uno de estos relatos, igual que Barrabás o el beso de Judas o el canto del gallo o el milagro de los panes y los peces. Y al final, por mucho que hayamos leído sobre Jesús, seguimos sin saber quién era. Pudo ser un loco, un sabio, un santo, un mesías, un sedicioso, un adivino o un reformador social. Lo más probable es que tuviera un poco de todo esto, al menos en sus orígenes, porque el personaje fue cambiando y engrandeciéndose y volviéndose más y más complejo. Pero al final, lo único que queda claro de su historia es que fue una persona de una grandeza humana inimaginable.

El error de los defensores radicales del laicismo es que dejan a los niños indefensos ante unas supercherías mucho más dañinas que cualquier superstición religiosa. El mensaje ético de Jesús de Nazaret tiene un alcance universal que va mucho más allá de culturas y credos religiosos. Y no conviene olvidar que no se puede confundir el mensaje ético del Evangelio con los dogmas de la Iglesia católica, ya que la relación causal entre Jesús de Nazaret y los jerarcas de la Iglesia es la misma que hay entre el joven Elvis Presley y sus obesos imitadores que actúan en los karaokes de Las Vegas. De cada cual depende elegir con quién se queda.

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