Impotencia ante el Covid y el SAS

El médico se limita a decirle al enfermo que se confine, sin pruebas ni tratamiento, y en diez días, a la calle. Así de crudo

Por más atento a la actualidad que esté uno, la realidad siempre acaba por sorprenderte y, en ocasiones, sumirte incluso en la impotencia. Y más si esa realidad es cercana y sobre la pandemia que ha cambiado nuestras vidas.

Como todos, habrá comprobado en los últimos meses que la Atención Primaria del Servicio Andaluz de Salud (SAS) está desbordada. Te atienden sólo por teléfono. Y eso si logras una cita. (Recomiendo hacerlo mejor por la app de Salud Responde, que llamando, porque, sencillamente nadie responde o cuesta una eternidad que lo hagan).

Y uno tiende a pensar que ese desborde parte de la constatación de que esta segunda ola de la pandemia es en Andalucía peor que la primera. Craso error.

Cuando uno toma conciencia de que ni a los enfermos de Covid se les atiende es cuando lo vive con un paciente cercano.

Un andaluz comienza a sentirse mal, aparentemente los síntomas iniciales de una gripe, pero poco a poco nota que son más severos y, lo que es peor, compatibles con el coronavirus. En medio del puente de Todos los Santos, la atención primaria es inexistente. Opta por hacerse una prueba en un centro privado. Pagándola, claro. Y el positivo del test de antígenos confirma los temores: está contagiado.

Pero lo peor no viene de ahí, de que haya necesitado la tan denostada sanidad privada para algunos sectores muy ideologizados para asegurarse de si tiene o no la enfermedad que nos ha limitado la libertad y arruinado nuestra economía.

Lo peor es cuando el paciente residente en Sevilla, con altas dosis de responsabilidad, decide comunicárselo al SAS.

Primero supera la gymkhana del teléfono habilitado para los casos de coronavirus. El consejo es no contestar a nada de lo que pregunta la máquina y esperar a que se ponga un congénere. Logrado el reto, sólo te citan con tu médico de familia. En día laborable y por teléfono, por supuesto.

Por fin llega la llamada del doctor y la impotencia del andaluz se hace ya mayúscula. El médico del SAS se limita a decirle al sufrido paciente que, como ya tiene certeza del contagio, que se confine, sin pruebas ni tratamiento. Que tome paracetamol alcanza a decir porque el usuario insiste en que se encuentra muy mal. No salga, y en diez días, a la calle. Así de crudo. Ni interés en con quién se convive, ni rastreos, ni control de si se siguen teniendo antígenos, ni la más mínima empatía o cuidado.

La realidad, como decía, no sólo siempre sorprende, te deja impotente ante el Covid y el SAS. Si éste era el cambio...

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