Paisaje urbano

Inflación de notas

En mis (lejanos) tiempos de estudiante, el sobresaliente era un escalón inalcanzable y al notable llegaban muy pocos

La publicación de las notas de corte para acceder a las diferentes carreras universitarias que se ofertan por nuestras facultades y escuelas ha confirmado lo que ya se venía adelantando por los medios: la media de la notas ha vuelto a crecer, dándose la circunstancia de que para algunas carreras, sobre todo de Ciencias, el sufrido aspirante tiene que sacar casi la máxima nota, tanto en el bachillerato como en las pruebas de acceso a la universidad (vulgo Selectividad).

Lo anterior no añade nada ante la legalidad del sistema de acceso, al que en cuanto transparente y objetivo, poco se le puede reprochar. Las notas de corte obedecen estrictamente al criterio de la oferta y la demanda, por lo que cuanto más altas sean las calificaciones mayor nota habrá de obtener el estudiante para acceder a los estudios superiores deseados. Sí se abre, creo, un campo para la reflexión en lo que respecta a la actitud de los centros en la calificación de sus alumnos en relación con el enfoque dado a los últimos años del colegio, en especial los del bachillerato, claramente condicionados por el buscado (y muchas veces exigido) éxito en la convocatoria de selectividad. Al modo de las autoescuelas, que más que enseñar a conducir te preparan con el fin principal de aprobar el carnet, diríase que muchos centros dejan en un segundo plano la enseñanza integral del alumno, tan necesaria a esas edades, para desde primera hora centrar el esfuerzo en pasar con la máxima nota la prueba de la selectividad, adecuando incluso los contenidos del curso a la prueba de acceso.

En mis (lejanos) tiempos de estudiante, el sobresaliente era un escalón inalcanzable y al notable en el colegio llegaban muy pocos, y te podías dar con un canto en los dientes si sacabas más de un seis en la selectividad. Después, los rigores de la carrera universitaria, tan distinta a la etapa anterior, ponían a cada uno en su sitio, pero eran más los que al menos quedaban en disposición de estudiar lo que querían. Hoy, las aulas de todos los centros, públicos y privados, rebosan de notables y sobresalientes, y cunde una euforia sobreactuada detrás de tantas notas infladas, apuntalada además por las nuevas facilidades correctoras surgidas de este incierto periodo del Covid, que esconde el peligro cierto de un optimismo vaporoso fácilmente desmontable en forma de vocaciones perdidas y talento desperdiciado.

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