antonio brea

Historiador

Invento para unos, bandera para otros

El régimen de conciertos de los colegios privados se lo sacó el ministro Maravall de la chistera

Dentro de la machaconería habitual de algunas polémicas educativas, destaca la que rodea al régimen de conciertos que el ministro socialista Maravall se sacó un día de la chistera. Una fórmula que ha permitido acceder desde entonces, a varias generaciones de estudiantes, a una escolarización sostenida con el fruto de los impuestos, en colegios privados.

El conflicto surge en que lo que debió ser solución provisional ante la incapacidad de la enseñanza estatal para garantizar plazas gratuitas a la totalidad de la población escolar, se ha institucionalizado en forma de una oferta alternativa, de financiación pública y gestión privada, convertida en una de las banderas sociales de la clase media conservadora.

Sabidos son los argumentos de los defensores de la permanencia y extensión de semejante invento, basados en el derecho a la libre elección de las familias y al supuesto ahorro que supone al erario. También los de sus detractores, que denuncian una competencia desleal a aquellos centros estatales que, en épocas de paupérrima natalidad, se ven abocados a la reducción del número de grupos y al recorte de plantilla.

Desde un punto de vista personal, como funcionario y sindicalista, tengo clara mi posición. Sin que ello me impida tributar un sincero reconocimiento a la labor pedagógica que desarrollan los profesores de los centros privados -concertados o no, laicos o confesionales- entre los que mantengo excelentes amistades.

Íntima relación con este debate, presenta la insatisfacción de esas otras familias que no pueden ejercer su libertad de elección a favor de la enseñanza pública, en las zonas céntricas de los principales núcleos urbanos de nuestro país. Entornos en los que el alto valor del suelo ha dificultado tradicionalmente la construcción de colegios e institutos que equilibren el secular predominio de las escuelas fundadas por órdenes religiosas.

Los antecedentes históricos de este punto débil del sistema educativo, han sido ampliamente tratados, respecto a la ciudad de Sevilla, por autores como Eugenio Pérez González. Y a esa línea de investigación se suma la actual aportación de Jesús Carlos Méndez Paguillo, historiador y maestro que presta sus servicios en el colegio público Huerta de Santa Marina, a medio camino entre San Marcos y el Pumarejo, y conocido durante sesenta años por el nombre de Padre Manjón.

En dos recientes y esclarecedores artículos, publicados en Archivo Hispalense y Ben Baso, reconstruye Méndez Paguillo la historia de su lugar de trabajo, en el contexto de la problemática aludida. Un colegio concebido durante el gobierno de Primo de Rivera, que vivió el inicio de sus obras en el periodo republicano y fue inaugurado bajo la autoridad de Queipo de Llano. Cerrado en 1997 por la Junta, tuvo que ser resucitado en 2008 con diferente denominación, tras funcionar un tiempo como instituto y sede local de la UNED. Una alegría para los vecinos y otra palmaria demostración de las escasas posibilidades de crear nuevos colegios en los centros de las ciudades.

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