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Esta boca es tuya

Antonio Cambril

cambrilantonio@gmail.com

Jaque al Rey

PP y PSOE impiden la investigación en el Congreso apelando a la inviolabilidad recogida en la Carta Magna

La Monarquía sufre la maldición de la reina Victoria. La inglesa batió récords de longevidad: subió al trono en 1837, con 18 años, y aguantó hasta la muerte en 1901. Su alteza, que apenas levantaba metro y medio del suelo, fomentó las bodas reales con el propósito de mantener la paz en Europa y preservar el Imperio británico. La estrategia dinástica constituyó un desastre y en la I Guerra Mundial se despedazaron países regentados por tres de sus parientes que a su vez eran primos: el zar Nicolás II de Rusia, el kaiser Guillermo II de Alemania y el rey británico Jorge V. A todos los ha juzgado y suspendido el tiempo. La maldición continuó con numerosas catástrofes domésticas o nacionales, la última de las cuales afecta a su tataranieto Juan Carlos I. En la tala del árbol genealógico han influido los resbalones personales, y el Rey emérito ha cometido varios. El pacto establecido por buena parte de los poderes económicos, políticos y mediáticos del país para proteger su imagen se fragmentó el día en que aparecieron las fotos en las que se le veía matando por placer a otra majestad de la naturaleza, a un elefante, a una catedral gótica de sangre, músculo y nervio. Aquel disparo se le volvió en contra y hubo otro que casi lo remata: la condena por un rosario de delitos de su yerno Iñaki Urdangarín. Ahora llega la tercera bala, la filtración de las declaraciones de Corinna zu Sayn-Wittgenstein, según las cuales mantiene depósitos en Suiza y cobró como comisionista.

PP y PSOE impiden la investigación en el Congreso apelando a la inviolabilidad recogida en la Carta Magna, la misma que cambiaron a uña de caballo para asegurar el pago de la deuda a los bancos. Amén de injusta, la decisión revela una torpeza supina: socava las bases del PSOE, entre las que ya son minoría los monarquicanos, aquellos que consideran la figura del Rey incómoda pero necesaria, y debilita el sistema democrático al evidenciar que la igualdad entre las personas es papel constitucional mojado. La Monarquía no superaría un referéndum y en la misma derecha abundan quienes la soportan por rechazo a los errores reales o imaginarios cometidos durante la II República. Si el que ocupó la máxima autoridad del Estado no puede ser juzgado por indicios claros de delito, la Monarquía sufrirá un desprestigio progresivo y la maldición de Victoria se cumplirá con la desaparición del último nieto de la Guerra Civil… un suspiro en términos históricos. ¡Son muchos los que gritan que el Rey emérito está desnudo!

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