La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Jesús Rodríguez Baño, sevillano

Solo mantener vivo el vocacional impulso primero permite afrontar sin decaer tan exigente profesión

Este periódico que espero tenga usted entre sus manos (hay que apoyar los diarios en papel y los quioscos que poco a poco van desapareciendo) nació hace casi 25 años para dar, no solo, pero sí sobre todo, noticias como esta: “El sevillano Jesús Rodríguez Baño, catedrático del departamento de Medicina de la Universidad de Sevilla, jefe del Servicio de Enfermedades Infecciosas en el Hospital Universitario Virgen Macarena e investigador responsable del Grupo de Investigación Clínica en Enfermedades Infecciosas del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS), es uno de los investigadores más citados de todo el mundo. Así lo constata la lista Highly Cited Researchers 2023, uno de los indicadores usados por algunos de los principales rankings universitarios de todo el mundo”.

Hay muchas Sevillas. Pero unas hacen más ruido que otras. El doctor Rodríguez Baño pertenece a la Sevilla de consulta, cátedra y laboratorio que por su laboriosa discreción no siempre obtiene el reconocimiento que merece. Al dar noticia de su prestigio internacional resumíamos su impresionante currículo. Yo quiero destacar sus palabras: “Es una recompensa al trabajo de muchos años en investigación clínica, intentando compaginarlo con la asistencia como médico y la docencia, contribuyendo al reconocimiento que merecen la Universidad de Sevilla, el Hospital Macarena y el IBiS como instituciones generadoras de conocimiento”. Porque es médico de bata blanca y consulta además de catedrático e investigador, actuando en los tres frentes esenciales de la atención personal a los pacientes, la transmisión del conocimiento y la investigación. Lo digo empezando por aquellos –los pacientes– a quienes se aplican sus conocimientos, siguiendo por quienes –los alumnos– se benefician de ellos para su formación y terminando por la investigación que hace posible el progreso de la medicina. En este orden lo veo porque estoy seguro de que la vocación que llevó un día a este y otros médicos a matricularse en la carrera fue hacer el mayor bien al mayor número. Solo manteniendo vivo este impulso vocacional primero se puede afrontar sin decaer días tras día y traba tras traba, tan exigente profesión.

Esta Sevilla que trabaja sin ruido de palabras no choca con otras más tradicionales, como algunos pedantes creen. Aquí cabemos todos. Y todo cuanto beneficie la salud de los cuerpos, las mentes y las almas.

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