Viva Franco (Battiato)

Lloverá en Semana Santa

La primavera de 2022 será muy lluviosa. No nos llamen aguafiestas. Sólo recordamos el augurio de las cabañuelas

Sabemos por Borges, tan citado y socorrido, que la lluvia es algo que sucedió en el pasado. En horas ya decrecientes, invidente pero lúcido, el argentino de la noche tenía razón. Nos cala el ayer, su remembranza, ya sea para recordar la dicha o para revivir tinieblas y espantos. Sin desdecir a Borges, la lluvia es algo que también sucede en el futuro. Las cabañuelas de agosto predicen cómo será el clima del año venidero. Vaticinan cuándo lloverá, qué calor hará, si el invierno será o no como los que cita Bernd Brunner en Cuando los inviernos eran los inviernos.

Jorge Rey tiene 14 años, es de Burgos y predice el tiempo desde una emisora de radio de Monasterio de Rodilla. Practica las cabañuelas, un método ancestral de observación de la naturaleza. Al parecer, el chico ya predijo con exactitud la tormenta Filomena del pasado enero. A primeros de agosto, siguiendo la enseñanza de los ancestros, observó la evolución de las nubes, el ir y venir de los insectos, la humedad de las piedras, el vuelo de los pájaros. De ahí su profecía para 2022: invierno duro (vendrá otra Filomena), primavera muy lluviosa y verano tornadizo. En sus vaticinios Jorge Rey no usa tecnología alguna. A veces las cabañuelas fallan, pero él maneja una técnica casi infalible.

Nos recuerda este mozo de la vieja Castilla a los hijos de los pueblos remotos (no confundir con ridículos augures de variada laya). Los lakotas del Ártico descifraban la urdimbre secreta de la naturaleza y presentían una existencia espiritual en el interior del paisaje físico. Lo recuerda Barry López en sus Sueños árticos. Quienes practican las cabañuelas proceden de la misma estirpe escrutadora. De ahí la predicción avanzada por el adolescente burgalés.

Han oído bien los cofrades. La primavera de 2022 será muy lluviosa. Falta por determinar dónde caerá la manta de agua, incluso a qué horas. Antes de la pandemia, la lluvia en Semana Santa se convertía en un delirante carrusel sobre isobaras y vientos cambiadizos. Las hermandades, atosigantes, exigían partes exactos. Aproveche ahora el pueblo cofrade sus otoñales procesiones (se nos quedó marcado para siempre el borreguito dorado que lucía en su tarima la Divina Pastora de Santa Marina). Si el tiempo lo permite, el Gran Poder irá ahora a Tres Barrios. La Virgen de los Reyes saldrá en procesión extraordinaria el 7 de diciembre con su perfumería de nardos. No nos llamen aguafiestas. Sólo recordamos el augurio de las cabañuelas. Consuélese el histérico cofrade y que mire a los cielos eternos. Lloverá en Semana Santa si Dios quiere.

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