NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
Preferiría que estuviera en esa esquina de la Avenida con García de Vinuesa la vieja y modesta casa con tipología del XIX que sobrevivió a las ampliaciones regionalistas, en vez del mamarracho neosevillano allí se construyó en los terribles años 70. Preferiría que estuviera en esa esquina la confitería Galysan, antes El Faro, famosa por sus roscos (no roscones) de Reyes "con magnífica sorpresa segura" que pertenecía a la extinta cadena de bombonerías, confiterías y heladerías también propietaria de la Granja Gayango, el Salón Imperial, el Bar Americano y la confitería que estuvo frente al cine San Vicente (q.e.p.d.), una de tantas magníficas salas de reestreno que tenían todos los barrios de Sevilla. Preferiría que en aquella esquina hubiera sobrevivido el Horno de San Buenaventura, pero de tan venerable y sevillana empresa no queda ni la casa madre de Carlos Cañal en la que mi abuela María compraba el pan y los bollitos de leche que, cuando llegaba la hora de la merienda y los sacaba de la alhacena, tenían el azúcar como apelmazada, tan húmedo era el comedor interior -enorme lámpara con pantalla rematada por flecos que colgaba a bajísima altura sobre la mesa, Sagrada Cena en relieve de metal plateado- del viejo piso de la calle Zaragoza.
Lo preferiría, sí. Como tantas otras cosas innecesaria y caprichosamente perdidas que requerirían un Stephan Zweig que escribiera su elegíaco mundo de ayer sevillano. Pero puestos a que algún negocio sucediera a nuestro San Buenaventura de la Avenida -¡dulzuras perdidas de Sevilla: la casa madre de este Horno en Carlos Cañal, La Española, el Horno San Isidoro, Los Estepeños, Filella y tantas otras!-, mejor que sea la malagueña La Canasta que una franquicia de hamburguesas o de pollo frito. Mientras aquí menguan estos negocios en Málaga parece que crecen porque esta empresa, fundada en 1983, cuenta ya allí con 41 locales y ahora desembarca en Sevilla en lugar de privilegio.
No sé si los sevillanos lo frecuentarán o no, aunque espero que sí, porque en el entorno de la Catedral es más difícil ver a un nativo que a un indio en el Oeste tras las caravanas de pioneros, el ferrocarril, las matanzas de búfalos y el general Custer. Indios quedamos ya poquitos por aquella zona. Pero en fin… Mejor Málaga que California o Kentucky. Porque, por mal que digan los tontos de campanario que nos llevamos sevillanos y malagueños, todos somos andaluces.
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