La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

¿Nadie da la tabarra con los colegios?

Se apagaron los megáfonos de los de siempre que exigían como nunca de todo para el comienzo del curso escolar

Estudiantes en un aula. Estudiantes en un aula.

Estudiantes en un aula.

Comenzó el curso escolar, llevamos dos meses con las aulas abiertas y no ha pasado nada. Pero los de siempre, sindicalistas y papás hiperventilados aprovecharon para el bochinche, nos dieron la tabarra durante semanas, se pusieron unas camisetas verdes con proclamas sobre la defensa de la escuela pública, como si la escuela pública hubiera estado en peligro en algún momento, gritaron para exigir como posesos la seguridad de la que no se habían acordado días antes en el chiringuito, y en algunos casos liberaron ese odio que tienen empadronado en el vientre. No ha pasado nada, más allá de las incidencias que se han ido salvando con los planes previstos. O con los protocolos preparados, según la expresión al alza. En los autobuses escolares se aplica gel en las manos de los alumnos al subir al vehículo, en los centros se toma la temperatura de los estudiantes, y se guarda la distancia en las clases y en los comedores. Y hasta se prohíbe coger el balón con las manos en los saques de banda. Un esférico que es previamente desinfectado. Si un niño se indispone se queda en casa un tiempo prudencial. Si se trata de un papá se informa al colegio. Y así avanza el curso, con medidas excepcionales para un tiempo especial. Claro, no hay excursiones ni otras actividades extraescolares, pero todo sirve para enseñar que también podemos vivir con menos. Las voces tronantes se apagaron muy rápido. Los silbatos y pancartas se recogieron. Los hiperventilados ya respiran mejor. Han entrado en la fase de la serenidad hasta la próxima reivindicación que les sirva, cómo no, para faltar al trabajo o justificar sus estatus privilegiados, que rima con liberados. Los profesores se la están jugando en el contacto con cientos de menores, y los directores están supliendo con su esfuerzo y sus ideas las carencias de las respectivas sedes, porque no todos los colegios tienen el espacio suficiente. Todo consiste al final en una combinación de buena voluntad y disciplina. Dos meses es tiempo suficiente para que echemos la vista atrás y veamos ahora el ruido que algunos armaron. Incluso se habla de un confinamiento domiciliario con los colegios abiertos de lo bien que están funcionando. Los de siempre volverán en breve a hablar de las ratios, la supresión de los deberes y la exigencia de aire acondicionado. Siempre con la mismas matracas. Es triste tener que justificar el puesto con reivindicaciones ya trilladas. Nadie dice que en la adversidad se educa y se consiguen los grandes objetivos. Eso no vende, no necesita presupuesto y no justifica un puesto de liberado. ¡Se iba a acabar la escuela pública! ¡Con mi niño no se juega! Se hizo el silencio. Las pilas del megáfono no eran alcalinas.

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