Baja Temeraria

Pleitos tengas en verano

Como se dice de las guerras, las que tienen más suerte salen en los periódicos. Hay otras que ni eso

Los toldos están de moda, estacional, que diría un remilgado. Aunque deberíamos decir que brillan por su ausencia allí donde sí han estado presentes, al menos los últimos años, a costa de las arcas locales y no como iniciativa privada, personal o en compañía de otros. Mientras se dirimen las aristas legales de la Ley de Contratos y las posibilidades jurídicas que permitan reaccionar a lo que es un incumplimiento por parte de una empresa con todos sus perejiles, la polémica sobre los gozos (toldos) y las sombras nos ha hecho ver, precisamente, dónde no están estos artilugios que, en algunas zonas sensibles del centro de Sevilla, se nos habían hecho indispensables.

A los políticos y periodistas nos convendría travestirnos en invisibles de cuando en vez y patear la calle, eso que se dice tanto y se hace poco si no hay cámaras que inmortalicen y séquito que acompañe. Normalmente los últimos, mi gremio, acude a la llamada de los primeros porque se nos nublan los ojos hablando de Chaves Nogales (adiós a la maravillosa Pilar, su hija que nos acaba de dejar), pero lo cierto es que el reporterismo se está convirtiendo en una tarea de titanes y autónomo. Que se lo pregunten a Ruso y Barahona. A unos y otros nos vendría de perlas ejercer de ciudadanos normales y corrientes y enfrentarnos a un hecho burocrático cualquiera y, muy especialmente, aquellos que tengan que ver con la Justicia, por ejemplo laboral. Allí en la Buhaira, en la puerta de los juzgados, el sol de justicia adquiere todo su significado en estos meses de temperaturas bravas. Tras dos o tres años de espera -hablo de conflictos laborales, como denuncia nuestra medalla de Sevilla, la veterana Aurora León-, allá van los trabajadores con sus cuitas y guardan, pacientemente, su colas esperando que les llamen a juicio, literalmente en la calle, por cuestiones del Covid y las medidas de protección. A las ocho de la mañana aún hay grupos más o menos dispersos pero a medida que avanza el reloj (lo único que e puor si muove) el espectáculo diríase dantesco si nos ponemos pomposos y exagerados. La única ,manera de evitar el achicharramiento es buscar protección bajo la escuálida cornisa, a menos de dos milímetros de distancia de seguridad del también acalorado prójimo. Sudan también los funcionarios que llaman a voz en grito y desde la puerta a los citados, bajando alguno desde la séptima planta al trote, exhibiendo más forma que Jane Fonda en sus famosas secesiones de aerobic.

Dado que los juzgados son edificios públicos con responsabilidad directa de la Administración autonómica, parece que los toldos necesarios no son sólo los de esperar el autobús en la Campana. Aunque como se dice de las guerras, las que tienen más suerte salen en los periódicos. Hay otras que ni eso.

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