opinión

Raúl Perales

Políticas de juventud

AYER se celebró el Día Europeo de la Juventud. En la situación actual hablar de juventud es evocar a la generación mejor formada de la historia de Andalucía, tanto en competencias técnicas como idiomáticas, más interconectada a través de las redes sociales, con mayor conocimiento de los países de nuestro entorno y más emprendedora. Desafortunadamente, esta generación está pagando los platos rotos de una crisis financiera global. Antes del 15 de mayo era un colectivo definido por algunos sectores como ni-ni, luego pasaron a ser indignados... Sin embargo, creo que hoy por hoy podemos aceptar el breve retrato que encabeza este artículo para analizar los problemas que acucian a un colectivo que representa casi el 30% de la población andaluza y que es fundamentalmente heterogéneo.

El mayor problema de la juventud es el desempleo. La crisis del ladrillo ha golpeado a una parte importante de la juventud, provocando un abandono educativo que dificulta su inserción laboral. La crisis financiera impide que las empresas consigan financiación para mantener y generar empleo, y es la juventud, a pesar de su buena formación, la más afectada. Incluso en épocas de bonanza la juventud siempre se ha caracterizado por contratos temporales y precarios, y a la hora de despedir ha sido el colectivo "más barato". Este diagnóstico urge a continuar con las políticas de cambio de modelo productivo, iniciadas por la Junta de Andalucía, cuyo objetivo consiste en diversificar nuestro PIB de manera sostenible; hacer nuestras empresas más internacionales y competitivas; continuar con las líneas de financiación para empresas en dificultades coyunturales y estimular aquellas de sectores competitivos referentes.

En este cambio de modelo productivo, la juventud andaluza debe tener un protagonismo fundamental. Una buena muestra de ello son los premios AJE Andalucía, en los que colabora el Instituto Andaluz de la Juventud y la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia. En estos premios vemos todos los años cómo jóvenes empresarios y empresarias, la mayoría alojados en CADE (Centros de Apoyo al Desarrollo Empresarial) están cambiando el tejido empresarial de nuestra tierra con iniciativas innovadoras en los sectores antes citados. Jóvenes con una buena formación, con empresas con una estrecha vinculación a departamentos de I+D+I de las universidades andaluzas, con certificaciones de calidad en sus procesos organizativos y de negocio, que cumplen con un escrupuloso respeto al medioambiente, que apuestan por planes de igualdad y por la decidida incorporación de la mujer al mercado laboral. Es una obligación del Instituto Andaluz de la Juventud ponerlos en valor, que sean un referente para la juventud andaluza y que, como afirmaba el presidente de Ayesa, José Luis Manzanares, durante el encuentro de negocios que organizamos con jóvenes empresarios y empresarias en Eutopía, "hagamos de la excelencia el valor fundamental de nuestros proyectos para ser referentes y competitivos".

Es indiscutible que hay que poner todos los esfuerzos en acabar con el paro juvenil, pero esta situación no debe suponer el fin de las restantes políticas de juventud, como ha empezado a pasar en algunas comunidades autónomas. Políticas de juventud que forman en hábitos de vida saludable como Forma Joven; que fomentan el asociacionismo y los valores democráticos como el Consejo de la Juventud de Andalucía; programas como Idiomas y Juventud, que refuerzan la internacionalización de nuestra juventud, y certámenes como Desencaja que reconocen y promocionan a la juventud creadora andaluza. Todas estas medidas se enmarcan en el II Plan Integral de Juventud de la Junta de Andalucía que, denominado Plan Gyga, movilizará 2600 millones de euros durante cuatro años, y que en su apartado de emancipación cuenta con el 80% del presupuesto. Políticas de juventud que son fundamentales para el desarrollo integral de las y los jóvenes y que, según hemos podido conocer a través los medios de comunicación, corren actualmente serio peligro en algunas regiones. Pregúntenles a los miembros de los Consejos de la Juventud de Madrid (donde no existe), Extremadura, Baleares y Valencia.

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