La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Presentación

Nació mientras la Semana Santa renacía y se ultimó su mundo cuando Sevilla se reinventaba

Nacida a la vez que la Semana Santa empezaba a renacer y completado su mundo a la vez que el regionalismo culminaba este renacimiento, la Virgen de la Presentación es la mejor, más delicada y más hermosa síntesis de la reinvención primero tardorromántica y después regionalista que creó la Semana Santa que hoy conocemos, insertándola en su historia centenaria con la misma naturalidad con la que Melchor Cano y Balbino Marrón definieron la Sevilla del XIX, y la misma gracia con la que el regionalismo articuló elementos históricos en nuevas arquitecturas.

Se esculpió la Virgen de la Presentación entre 1833 y 1839, Arjona y Manuel Cortina como autoridades de Sevilla y Melchor Cano como arquitecto mayor de la ciudad, para formar un grupo junto a San Juan a los pies del Cristo del Calvario, el antiguo titular de la hermandad de Nuestra Señora de la Presentación o de los mulatos, cuya imagen había comprado en 1636 a los herederos del Pérez de Torquemada que lo había encargado en 1611 a Ocampo. Devuelto el Calvario en 1818 a la nueva parroquia de San Ildefonso al poco de que se reabriera al culto, la devoción del párroco Matías Espinosa y de un grupo de feligreses los animó a completar el misterio del Stabat Mater encargando a Astorga la Virgen y el San Juan, dándose en 1886 el paso decisivo para la reorganización de la antigua hermandad como la actual del Calvario. Todo sucedió entre 1818 y 1886, mientras la Semana Santa renacía.

Y se ultimó entre 1909, cuando el Cristo del Calvario estrenó el paso de Farfán, primero de la Semana Santa en madera de caoba sin dorar e iluminado por hachones en su revolucionaria interpretación del paso del Gran Poder, y 1916, cuando la Virgen de la Presentación salió por primera vez en el extraordinario palio con el que Rodríguez Ojeda culminó la recuperación y reinterpretación regionalista del palio de cajón. Todo sucedió entre 1909 y 1916, en los inicios del regionalismo, mientras en esos mismos siete años Aníbal González y Juan Talavera pasaban del modernismo al historicismo regionalista, Turina componía Rincones sevillanos, Plazoleta de Sevilla en la noche del Jueves Santo y La procesión del Rocío e Izquierdo publicaba Divagando por la ciudad de la gracia.

Hoy está en besamanos esta imagen tan hermosamente discreta, toda la gracia regionalista en su manto, toda la dulzura romántica en su rostro.

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