Puntadas con hilo

María José Guzmán

mjguzman@grupojoly.com

Un Puerto singular

El anuncio del mayor calado del río es una gran noticia, pero el futuro de los muelles sevillanos requiere de algo más

Hay empresarios que calculan que hay tráficos en el Puerto de Sevilla que desaparecerán en un plazo inferior a 10 años. Es una visión pesimista sobre el futuro de los muelles sevillanos, que debería ser una de las grandes puntas de lanza de la economía local. Pero no es una mera percepción, se basa en datos objetivos. La reciente noticia del aumento del calado en el río, gracias al estudio de la onda de marea, no al fallido dragado que tan mal se explicó, es un soplo de aire fresco, pues se entiende que mejorará la navegabilidad, uno de los grandes retos de un Puerto que se ha visto históricamente limitado por  condiciones gográficas que le impiden competir con gigantes situados a menos de 100 kilómetros, como el de Huelva, o incluso el de Cádiz, que pronto sobrepasará las toneladas de Sevilla, según los temores del sector. De hecho, hay empresas sevillanas que se ven obligadas a desviar parte de la mercancía a otros puertos para que sus barcos puedan subir río arriba. Y esto demuestra la razón por la que los muelles sevillanos están estancados desde hace años mientras que sus vecinos crecen y crecen.

¿Qué se puede hacer? La clave está en conseguir que el Puerto de Sevilla sea más rentable y atractivo. Los empresarios llevan años reclamando bonificaciones en las tarifas, exenciones de tasas para algunas mercancías que evite, por ejemplo, la merma en el tráfico de contenedores. Asomarse hoy al gran mecano en el muelle del Centenario es un espectáculo pero ¿cómo han llegado estos contendores hasta allí? Cada vez vienen menos en barcos y más en trenes. El ferrocarril es hoy uno de los puntos fuertes que distingue a Sevilla de Cádiz o incluso Huelva: sus playas ferroviarias. Y Sevilla se está convirtiendo en un puerto seco que busca su rentabilidad en el aspecto inmobiliario, en rentas y alquileres.

El practicaje que se requiere en Sevilla (seis horas de subida y seis de bajada cuando en otros puertos no llegaría a 45 minutos) encarece mucho los precios, que se han visto incluso incrementados como tasas como la del remolcador de cortesía que debe acompañar por seguridad a los buques en la esclusa. Una ‘Puerta del Mar’ que supone una pesada losa para la economía de una Autoridad Portuaria que tardará décadas en pagar una infraestructura cuyo mantenimiento quizás debería figurar en los Presupuestos Generales del Estado. Once años después la esclusa apenas ha modificado las toneladas que registra el Puerto, a pesar de que la tendencia es que entren barcos con más manga y tonelaje. Sí ha beneficiado a los cruceros, un tráfico que requiere aún de un mayor impulso y al que le vendría bien rebajas en los precios, pues también pagan por cruzar las Delicias.

Sevilla reclamaba al Gobierno un tratamiento especial y ayudas y recibió una Zona Franca que tampoco ha solventado los problemas a día de hoy.

Habrá quien piense que el Puerto de Sevilla tiene la dimensión que tiene la industria de la provincia y tampoco le faltará razón. Y quizás obvian que hay  empresas, algunas multinacionales, que desconocen realmente las ventajas que ofrecen los muelles para su desarrollo y proyección. ¿Y eso cómo puede ser? Porque Sevilla ha vivido mucho tiempo de espaldas a su río y ésta no es una inercia que se rompa fácilmente. Se están dando pasos prometedores para innovar por un lado e integrar el Puerto en la ciudad. Todo es necesario. Pero a veces lo más eficaz es empezar por abajo. Y falta una labor didáctica que, con mucha timidez hace la Autoridad Portuaria y que voluntariosamente están realizando empresas privadas que buscan y acercan a grupos de adultos y también de escolares a los que se está inoculando la importancia del Puerto de Sevilla. Enhorabuena.

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