Fragmentos

Juan Ruesga / Navarro

Recuerdo a García Ramos

EN uno de los lugares más frondosos de los parques sevillanos, en los Jardines de Murillo, se encuentra la glorieta dedicada al pintor sevillano José García Ramos. Entre palmeras y ficus gigantes, en terrenos de la antigua huerta del Alcázar. Allí, una serie de notables pintores sevillanos del momento lanzaron en 1917 la idea de erigir un bello rincón en recuerdo de García Ramos. Se finalizó en 1923 con proyecto del arquitecto Juan Talavera Heredia. Por cierto ¿para cuándo una exposición antológica de su obra?

Mañana, 2 de marzo, hace 158 años del nacimiento de García Ramos, y es una ocasión tan buena como cualquier otra, para recordar la figura de un artista, típico representante de una época y que entre nosotros mantiene prestigio y reconocimiento, aunque no siempre su obra es tan bien conocida como parece. Nace en Sevilla en 1852 y muere en nuestra ciudad en 1912. Es decir, vive justo el cambio de siglo, en una Sevilla que se estira y remoza, tanto por la presencia del Duque de Montpensier en San Telmo, como por la visita de la reina Isabel II y la realización de numerosas obras, como el Puente de Triana, la consolidación de la Feria de Abril y el final del romanticismo y el inicio del modernismo, o por así decirlo, un tiempo entre Gustavo Adolfo Bécquer y Juan Ramón Jimenez.

De gran precocidad, estudia arte desde niño y se forma en el taller del pintor José Jiménez Aranda, con quien viajó a Roma. Después de algunos viajes a Italia y París, se instala en Sevilla. Aquí desarrolla su carrera, alcanzando cierta notoriedad y un buen pasar, gracias a una pintura de temas costumbristas y escenas de la vida cotidiana, en cuadros de pequeño formato que eran muy solicitados por los coleccionistas españoles y extranjeros desde los tiempos de José Domínguez Bécquer y que hoy siguen siendo cotizados en las subastas de arte. Extraordinario dibujante, nos dejó múltiples pruebas de su capacidad creativa en varios carteles de nuestras fiestas y en ilustraciones de la La Ilustración Artística, La Ilustración Española y Americana y Blanco y Negro. También ejerció como profesor en Sevilla.

Aunque sus obras más conocidas reflejan temas cercanos al flamenco, como Baile por Bulerías y Fiesta Flamenca, etc.… me gusta detenerme en una de sus pinturas, El niño del violín. Forma parte de la colección del Museo de Bellas Artes de Sevilla. El cuadro representa un niño músico callejero, abrazado a un violín y con un pequeño perro a sus pies. Al mismo niño lo volvemos a encontrar en otro cuadro más conocido de García Ramos, en la calle, esperando a la salida de un Baile de máscaras. La pintura está entonada en ocres y marrones. El colorido y la mirada pícara del protagonista nos recuerdan a los mendigos de Murillo, que podemos admirar estos días en el Museo. Necesitamos con urgencia su ampliación para poder disfrutar cualquier día, de su magnífica colección de pintura del XIX y XX, y que sean bien conocidas por las nuevas generaciones las obras de un grupo de pintores, sin los que es difícil entender quiénes somos.

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