La tribuna

María José Andrade

Sentirse insignificante

19 de abril 2022 - 07:27

NO sé si lo leí o lo escuché, pero la frase se me ha quedado grabada por su profundidad pero, sobre todo, porque nos pone frente al espejo de lo que el ser humano siente y representa en estos momentos: "El hombre ha dejado de mirar a la galaxia por miedo a sentirse insignificante"

Léala de nuevo y hagamos un ejercicio fácil que no va a requerir de ningún viaje interestelar. ¿Preparado? Intente parar un momento y recordar cuándo fue la última vez que vio la luna colarse por algunas de las calles que transita. Pregúntese por el momento en el que se paró para observar el transcurrir de un río que muchos tenemos cercano. O, mucho más fácil, ¿Me puede decir el instante en el que reparó en cómo están disminuyendo el número de nuestros queridos gorriones? O no escuchamos el canto de los pájaros o, simplemente, no miramos el paisaje desde la ventanilla de nuestro coche. O no preguntamos por la calle a la que nos dirigimos, a riesgo de perdernos conocer a alguien extraordinario como a mí me ocurrió.

Dirá, y con razón, que esta observación es mínima e incluso podría ser hasta tonta, pero, en estos tiempos modernos, en los que quien no es digital, tecnológico o innovador no es nadie, hemos dejado de lado disfrutar de las pequeñas cosas.

Pequeñas cosas que nos traerían de vuelta vivencias, experiencias, conocimiento o sabiduría. Pequeñas cosas que nos apartarían, aunque fuera sólo por un segundo, de los terminales que tan entretenidos nos tienen. Sí, efectivamente, esos aparatos que nos conectan a esa otra galaxia, llamada Internet. Esa nebulosa de la que apenas tenemos información y a la que sí le hemos perdido el miedo, a riesgo de extraviar mucho más.

Qué paradoja ¿no les parece? Ahí entramos sin pudor y sin sentirnos insignificantes, pero apenas nos paramos para atender a esa galaxia a la que tanto tememos porque no sabemos qué puede haber tras esa negritud. Y es que la realidad, lo que verdaderamente nos provoca terror.

El mundo es ancho y ajeno, como el titulo de la novela del escritor peruano Ciro Alegría, y es que nunca hemos estamos más lejos creyendo que estamos cerca porque pasamos horas haciendo scroll por miles de cuentas de personas a las que no conocemos. Gente a la que imitamos y de la que no sabemos nada pero que nos hacen la vida sencillísima con sus infinitos tutoriales llenos de saber.

Pero la realidad es que jamás nos hemos sentido más ajenos, desorientados como estamos de nosotros mismos, y por eso navegamos por un mar de millones de mensajes que no entendemos. Nos enfrascamos en frases rimbombantes en la que la favorita de todos es: "Hay que salir de la zona de confort". Y todo esto para, y en definitiva, no mirar a nuestra galaxia porque, ya lo dijo Antonio Machado: "Obscuro para que atiendan; claro como el agua, claro para que nadie lo comprenda"

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