Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

Al Sevilla, mi aplauso más sincero y sentido

Encontrar hueco en la fiesta para solidarizarse con los periodistas de El Correo fue encomiable

únicamente el hecho de los nombres que llevan ya sería suficiente como para ir al acto de entrega sin trabajo alguno, a favor de querencia. Costumbre anual que va camino de cumplir los diez años es la que tiene el Sevilla para premiar el buen uso del periodismo. Si a todo eso se le añade que esos premios llevan los nombres de dos amigos tan entrañables como fue José Antonio Blázquez o sigue siendo Manolo Ruesga no hay pega.

Antier fue dicha entrega anual y junto a los autores de la foto más brillante o del reportaje que más gustó en la planta noble del club, la excepcionalidad de un rapto de solidaridad que engrandece al Sevilla Fútbol Club. Haber hecho causa común con el trance que está sufriendo un grupo considerable de jóvenes periodistas le dio a este acto un cariz sentimental que a todos nos llegó hondo en el alma. Fue la guinda para que un evento habitualmente sentido ganase en bonhomía.

Como más sabe el Diablo por viejo que por diablo, a uno no le cuesta nada ponerse en el lugar de esos jóvenes compañeros a los que el aventurerismo periodístico, tan en boga, ha tirado a las cunetas de la vida. Sé que en ese dramático trance, estos actos confortan anímicamente aunque no sirvan para llenar el frigorífico. Y el Sevilla hizo un hueco en su fiesta anual para darle calor a esos jóvenes periodistas que hoy miran el mañana con la inquietud que da el injusto finiquito.

Por todo ello, en esta edición de los premios periodísticos que el Sevilla otorga, un servidor estaba allí más a favor de querencia que nunca. Esos jóvenes compañeros que hoy miran a los ojos de la vida con estupefacción encontraron el lunes en las entrañas del estadio sevillista un soplo de ánimo que les haría mirar al futuro con algunas dosis de optimismo. Por eso, mi aplauso más cálido al Sevilla por haberse solidarizado con las víctimas de una gestión impresentable y reprobable.

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