Las dos orillas

Socialismo andaluz

Es lamentable y triste que un sector cada vez más amplio del PSOE esté pisoteando su propia historia

En la historia del último medio siglo en España, la aportación del PSOE de Andalucía ha sido esencial. Esto conviene no olvidarlo, a pesar de las turbulencias de los últimos tiempos. Si tenemos democracia es gracias al PSOE. No sólo, pero sí en amplia medida. La Monarquía constitucional es ininteligible sin el PSOE. Lo mismo se puede decir de la España de las autonomías. Sin embargo, es lamentable y triste que un sector cada vez más amplio del PSOE pisotee su propia historia, con ese espíritu adanista irracional que se ha instalado en la política. Esa actitud ha tenido dos inspiradores: José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, dos presidentes que se dedicaron a destruir, sin ideas claras, dando palos de ciegos, y desleales con los fundamentos de un partido que se llama socialista, obrero y español.

Zapatero y Sánchez acabaron con el socialismo andaluz como piedra angular del PSOE en España, y se encomendaron a Cataluña. Decir socialismo andaluz es decir felipismo, desde Suresnes, la foto de la tortilla, el pelotazo del 82, la década roja (como la llamó Umbral) que duró 13 años. En el 95, con el felipismo quemándose por Filesa y otros casos de corrupción, el PSOE permitió la alternancia con Aznar. Felipe no se quiso enrocar en un contubernio modelo Frankenstein. Los catalanes de Pujol y los vascos de Arzallus pactaban con el mejor postor, mientras ETA seguía asesinando.

El socialismo andaluz del PSOE renovado empezó con Felipe González. Existía un PSOE histórico que estuvo de vacaciones durante la dictadura, mientras el PCE seguía sus purgas, pero se consolidaba como referente contra el franquismo. Todo lo viejo sonaba a Guerra Civil, y los españoles querían olvidarla (sí, olvidarla) para construir algo nuevo, algo mejor que la eterna división de las dos Españas. Para eso fueron esenciales Felipe González y Alfonso Guerra, el nuevo estilo de un PSOE andaluz y europeo a la vez, que sintonizaba con el cateto y con el intelectual, con lo agrario y con lo urbano. En los 80 llegaron los años de la movida y se revitalizaron las procesiones. Las dos Españas estaban distraídas.

El socialismo andaluz se fue a tomar por saco en el siglo XXI. Manolo Chaves y Pepe Griñán no eran unos mangantes, pero fomentaron un régimen absorto en su clientela. Así se llegó a Susana Díaz, que perdió el feudo y ya sólo se justifica a ella misma, y a Juan Espadas, que se disfraza de sanchista 0,0. Felipe hoy suena a viejo, Sánchez a chufla. Y el PSOE andaluz no aporta nada.

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