Paisaje urbano

Tezanos, investigado

Lo que han hecho con el CIS sólo está a la altura de la mediocridad y desprecio a las instituciones de su director

De las numerosas objeciones que se le pueden poner a este Gobierno, más allá de las ideologías, la peor es el impúdico manoseo de las instituciones del Estado. Si el culmen de dicha conducta fue el nombramiento de la ministra cesante de Justicia como Fiscal General del Estado, todo empezó con el acceso a director del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de José Felix Tezanos, sociólogo de cabecera del PSOE y antiguo militante del área guerrista, y secretario de estudios y programas de la Comisión Ejecutiva Federal del partido cuando accedió al cargo.

Hoy, tres años después, el CIS es una institución absolutamente desprestigiada. Han sido tan clamorosos los cambios de procedimiento en la forma de dar a conocer los datos de sus encuestas políticas (cambios de cuestionarios respecto a años anteriores, renuncia a elaborar la necesaria cocina para fijar la posición de los indecisos, realización de trackings semanales como los que encargan los partidos…) y tan descarado su uso partidista para beneficiar los intereses de quien lo nombró, que ya casi nadie se cree los resultados que publica. Siendo la sociología una ciencia basada en la ley de los grandes números y el CIS el instituto demoscópico con más recursos y que más encuesta realiza, ¿cómo es que otros con menos medios calcan los resultados a pie de urna y éstos fallan casi siempre estrepitosamente en sus pronósticos?

La utilización de los fondos públicos en beneficio propio tiene un nombre rotundo en el ámbito político, corrupción; y otro en el ámbito penal, malversación. Esto último es lo que fue denunciado en su día mediante querella interpuesta por el grupo parlamentario de Vox, y ahora una jueza acaba de admitir a trámite, citando al señor Tezanos a declarar como investigado. Aunque previsiblemente sea difícil mantener la acusación durante el proceso penal y un hipotético archivo o resolución absolutoria traiga consigo los consabidos golpes de pecho y llamamiento a la disculpa, no creo que en este caso haya que temer ningún efecto boomerang, por la sencilla razón de que, más allá de la aplicación del derecho incluyendo el principio de presunción de inocencia, cualquier observador con sentido común (sea de derecha, izquierda o medio pensionista) sabe que lo que han hecho con el CIS sólo está a la altura de la mediocridad y desprecio a las instituciones de su director y de quien graciosamente lo nombró.

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