Abierta, pero flexible

15 de febrero 2026 - 03:10

Albert Boadella y Jon Juaristi han sido para los independentismos (anti)españoles lo peor de lo peor: hace pupa que “uno de los nuestros”, de los de pura cepa y encima señalados, abomine de lo que se llama hoy “relato”, esto es, un cuento más o menos chino, pero oficioso con causa. Juaristi acuñó con el título de un libro la expresión “bucle melancólico”, un relato historicista alternativo al abertzale. Es de terminología de lo que hablamos, y valga “relato” como ejemplo: nadie decía relato en esta acepción hace apenas década y media. Boadella y Juaristi han sido “cancelados” por traidores: nadie, tampoco, hablaba de cancelación hasta hace nada, en el sentido de boicot público de personas o comportamientos. Cultura de la cancelación se oye. He ahí otro ejemplo de eso mismo. La palabra “cultura”, de suyo compleja y polivalente, se usa como el perejil en los guisos, hasta niveles risibles: cultura del esfuerzo, cultura del poliamor, cultura del chicharrón, cultura del reguetón, cultura de la “resiliencia” (esta es otra).

No cabe sino aceptar la evolución del lenguaje, para no caer en el bucle melancólico que se esconde en la exaltación de lo que fuimos o creemos y decimos que fuimos. Por lo general, en la vana certeza de que nuestras infancia y juventud –nuestro pasado– eran más respetuosas con los mayores, más austeras, más trabajadoras y hasta más cultas y letradas. Y, creyéndonos las tan rebatibles nostalgias, sentirnos superiores a las nuevas generaciones (exceptuando los propios hijos, así por la cara). Es síntoma carpetovetónico –viejuno– hacer plastilina de lo que ya nadie puede probar. Y es de ley ir aceptando los cambios en el uso del lenguaje. Hay una frontera, ahora dicha “una línea roja”, a saber por qué: la que marca la ojana (coloquialismo andaluz para connotar cuento puro y duro).

Se aclama a Bad Bunny por haber hecho patria de lo hispano en plenas fiestas mayores iuesei (USA). Traigamos a colación sus revolucionarias aportaciones lingüísticas (evítese leer, si es usted de escandalizarse): “La noche se puso kinky, tres deo en el toto, en el culo el pinky, una nalgá y la dejo como po. Le doy por donde hace pipí y por donde hace popó”. Nadie le pide peras al olmo, pero a ver qué va diciendo la RAE. Academia “abierta, pero flexible”, que así se relataba una amiga.

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