Carlos Navarro Antolín
Ese ratito diario del cura del Porvenir
Me permito utilizar el título del himno de la gran María Jiménez para plantear una reflexión que no terminamos de digerir como sociedad. Hemos avanzado mucho, las leyes de igualdad funcionan razonablemente bien y no hay nadie (o casi nadie, soy optimista por naturaleza) que sea capaz de decir en público que las mujeres debemos ocupar un papel secundario. Es más, hay quien no cree que todavía que se produzcan situaciones de marginación laboral en empresas serias y dignas de ser consideradas. Lo más seguro es que tengan razón, afortunadamente. Todos ganamos, mayor potencia intelectual para España y más riqueza personal para los españoles.
Pero es igualmente indudable que todavía se producen muchos casos de acoso y abuso sexual. Muchos. La denuncia que han hecho dos trabajadoras contra Julio Iglesias ha vuelto a demostrar que en España tenemos que seguir evolucionando. ¿Es Julio Iglesias culpable? No lo sé. Las únicas personas que lo saben son las presuntas víctimas. Y ahí es donde está la clave. Quizás, en su mentalidad y en la de muchos españoles, él no ha hecho nada malo. Un hombre que lo ha tenido todo, un icono sexual para miles de mujeres durante muchos años y en todo el mundo, ¿cómo va a abusar de su personal? Tenían que estarle agradecidas por haberse fijado en ellas, por haberles dado trabajo en una residencia de lujo en un país con precariedad laboral. Él tiene mucho dinero y ellas han visto un filón para sacarle algo. O para hacerse famosas, que quién sabe.
Y claro que puede suceder que Julio Iglesias sea inocente, que no haya abusado de esas mujeres. A pesar de los informes médicos que se han conocido y de las pruebas que están destapando los periodistas a los que felicito por su trabajo, quienes defendemos el Estado de Derecho defendemos la presunción de inocencia.
Las páginas de este diario, y de todos los demás, están llenas de denuncias de hombres poderosos que han abusado de sus subordinadas o de mujeres jóvenes y vulnerables por falta de recursos económicos, o de formación, o ambas cosas. Los casos conocidos en el PSOE y en el PP, así como de personajes famosos por todo el mundo responden al mismo patrón. El poder es la causa del abuso. Pero las mujeres hemos dicho ¡basta! y se ha abierto el camino de las denuncias. Habrá mentiras y casos que no se puedan probar. Pero los abusadores ya no están blindados. Se acabó.
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