Trump-Sánchez: pelea de gallos

05 de marzo 2026 - 03:08

En 1962, el líder derechista y fundador de Fuerza Nueva, Blas Piñar, fue cesado de su cargo de director general del Instituto de Cultura Hispánica. En una de esas divertidas paradojas de la historia, Piñar, quien fue el más firme defensor del franquismo, incluso cuando ya era cenizas, nunca llegó lejos en el escalafón político del régimen. “Es un exaltado”, decía de él Franco. El motivo del cese de este notario tradicionalista, y uno de los últimos grandes oradores del XIX, fue la publicación en la prensa de un artículo titulado Hipócritas, en el que criticaba con dureza la política exterior de los EEUU. Recordamos a don Blas para indicar que el antinorteamericanismo es cosa que en España siempre ha tenido seguidores, y no solo en la izquierda, desde el desastre de 1898, cuando los EEUU se encargaron de darle la puntilla al toro agonizante del imperio español. ¿Se equivocó el Gobierno liberal de Sagasta al declararle la guerra al ya poderosísimo neoimperio? Evidentemente sí, aunque la culpa del garrafal error de cálculo no fue esta vez de los políticos, sino de una prensa y un pueblo inflamados que no dejaron otra opción al Ejecutivo que mandar a la escuadra al sacrificio tropical. Las cosas del honor. Lo pagamos muy caro.

El presidente del Gobierno ha vuelto a desenterrar el arma antinorteamericana y la esgrime con un entusiasmo propio de la Guerra Fría, cuando la izquierda funcionaba como el proxy de la Unión Soviética en todo el mundo. ¿Un nuevo error de cálculo? Depende. Desde luego no lo es para los intereses de Sánchez y su bloque de progreso, que encuentra en esta causa una manera de movilizar a su muy decaído electorado. Pero sí es un inmenso yerro para la política exterior y de seguridad de España. La postura de Sánchez nos acerca a China y Rusia (nadie se olvide que las verdaderas dictaduras son las de Xi Jinping y Putin, no la de Trump) y nos aleja de Occidente. Pero, además, es una mera bravuconada que omite el verdadero peso de España en el mundo, como le ocurrió al Sagasta del 98 y al Aznar de Irak. Detrás de las palabras de apariencia pacifista del presidente se esconde una pelea de gallos entre Trump y Sánchez que la pagaremos todos los españoles. Estamos ante una extravagancia que sitúa al país en una primera línea que no nos corresponde. No se trata de ser servil a los EEUU ni a Trump. Se puede ser honorable e independiente desde la prudencia y, por supuesto, dialogando con unos aliados que son nuestras únicas agarraderas en estos momentos de incertidumbre global, como viene ocurriendo desde que Lucy vino al mundo.

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