La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Asunción es la aldea de los galos contra el turismo invasor
Groucho Marx: parte contratante de la primera parte, será considerada como la parte contratante de la primera parte… ¿Qué tal? Está muy bien ¿no?
–Chico Marx: No, eso no está bien.
–Groucho Marx: ¿Por qué no está bien?
–Chico Marx: No sé, quisiera volver a oírlo.
–Groucho Marx: Dice que: “La parte contratante de la primera parte, será considerada como la parte contratante de la primera parte…
–Chico Marx: Sí, sí. Esta vez parece que suena mejor.
–Groucho Marx: A todo se acostumbra uno. Si usted quiere, se lo leo otra vez.
–Chico Marx: Tan sólo la primera parte.
–Groucho Marx: La parte contratante de la primera parte, será considerada como la parte contratante de la primera parte… y la parte contratante de la primera parte, será considerado. Oiga por qué hemos de emplearnos por una tontería como esta… La cortamos.
Magistral esta escena de la película de los Hermanos Marx, Una noche en la ópera, ¿no les parece? Ésta se alarga sin cesar. Entran en bucle y para no discutir, porque se tienen por amigos, terminan rompiendo en mil pedazos, los párrafos o frases que no se ajustan a esa parte contratante de la primera parte contratante, a la que hacen referencia sin cesar.
Poco a poco, Groucho y Chico Marx, se van quedando sin papel para terminar con apenas una esquina entre sus dedos, y en la que sólo queda una cláusula, en un contrato que, en dimensiones son diferentes porque Chico, según Groucho, es más pequeño que él.
Cuando por fin van a proceder a la firma, Chico no sabe escribir y la estilográfica de Groucho no tiene tinta. El contrato está preparado, pero hete aquí, que en tanto la palabra de uno es suficiente para el otro, “desde luego que no”.
Y así vuelta a empezar una y otra vez. Y aunque esta escena puede parecer banal, se convierte en un fiel reflejo de lo que actualmente estamos viendo en un panorama político que, por momentos, se olvida de que nos deben explicar y consultar porque resulta que somos la parte contratante.
Y es que éste se ha convertido en un escenario en el que los distintos actores, actúan y sobreactúan. Van demasiado rápido, no sé si para despistar porque, y en definitiva, vuelven al principio cuando por todos es conocido ese dicho que afirma que, “segundas partes nunca fueron buenas”, y más y teniendo en cuenta a todas las partes contratantes.
Pero ahí siguen. Perseverando en sus posiciones. Rompiendo las partes que no les gustan. Señalando en fluorescente la misma palabra que todos conocemos. Volviendo a la línea de salida, de nuevo y desde hace meses. Jugando al escondite, en la mayoría de las ocasiones y, finalmente, despistando a una sociedad que asiste a este acto interminable, mirando a ese lado al que insisten que miremos, cuando todo está ocurriendo en otro sitio.
Y mientras. Mientras nosotros, esos que miramos a ese otro sitio al que quieren que miremos, asistimos a un juego que por momentos puede resultar hasta divertido. Y lo sería si no fuera porque no es una noche en la ópera y porque el contrato se va a firmar.
También te puede interesar
Lo último