Carlos Colón

Esto no tiene arreglo

la ciudad y los días

04 de agosto 2012 - 01:00

PUEDE que haya quien no lo aprecie. Puede que haya quien lo ponga en duda. Vivimos, por desgracia, en la cultura de la sospecha. Que es lo opuesto a la razón crítica. Ésta analiza realidades, mientras que la sospecha imagina a partir de apariencias e indicios dando por supuesto que lo peor es siempre lo más probable. Me refiero, naturalmente, a la sospecha en su sentido más aldeano y carente de fundamento racional, no a la que según el gran Paul Ricoeur caracterizó a Nietzsche, Marx y Freud como los "maestros de la sospecha" que "arrancaron las máscaras que encubrían la realidad". La sospecha a la que refiero la enmascara con un pesimismo cazurro que iguala por abajo toda realidad.

Puede, y vuelvo al principio, que haya quien no lo aprecie o quien lo ponga en duda. Pero la existencia de la prensa independiente -y puedo dar fe de que los periódicos de este grupo lo son- garantiza la información objetiva y la opinión razonada y plural (ustedes apreciarán a diario las saludables discrepancias que, dentro de los amplios márgenes de nuestra línea editorial, se dan entre quienes escribimos en ellos). En un momento tan peligroso y duro como el que vive nuestro país -con nuestra autonomía en las posiciones de mayor riesgo- esta independencia aporta un valor reflexivo necesario para el serio debate social.

Viene todo a cuento de nuestro editorial de ayer, en mi opinión un excelente análisis de la peligrosa deriva de la política andaluza que, con el enfrentamiento entre la Junta y el Gobierno, agrava aún más el dificilísimo momento que vive España. La arrogancia de unos y la demagogia de otros transmiten a Europa la impresión de que "el modelo autonómico español es una inmensa maquinaria de gasto que el Gobierno de la nación se ve impotente para controlar". La demagógica estrategia del presidente andaluz, al decir que el límite de deuda impuesto por Montoro obligaría necesariamente a un cierre generalizado de colegios y hospitales, pasa por alto que -como se escribía en nuestro editorial- "tiene un enorme sector público, un carísimo Canal Sur o múltiples instituciones absolutamente prescindibles sobre las que actuar y muchísimo empleo público no productivo que amortizar antes de cerrar la primera cama de un hospital o la primera aula de un colegio".

El mismo día en que publicábamos este editorial la Junta, al entrar en vigor la normativa que permite privatizar las cadenas regionales, manifestaba su apoyo a una RTVA que a sus millonarios presupuestos suma 45 millones de déficit para ofrecer a cambio poco que no ofrezcan las privadas y casi nada que añada valor cultural andaluz. Esto no tiene arreglo.

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