Calle ‘Flancos’

10 de enero 2026 - 03:06

Hay turistas nacionales que ponen cara rara cuando le indicamos la calle Francos, que nuestra habla andaluza pronuncia “Franco”. Ahora de Francos, con o sin ese final, estamos pasando a Flancos por la multiplicación de comercios orientales. Nada nuevo. Hace ya años se podía leer: “Más de un centenar de tiendas de souvenir copan el centro de Sevilla. La mayoría de los nuevos establecimientos son de procedencia oriental”.

El comercio tradicional del centro agoniza hace décadas y el turismo masivo ha sido el descabello. Las calles que languidecían han resucitado, es verdad; pero no como Lázaro, que era el mismo que murió, sino con la no vida propia de los vampiros y los zombis. Hay agitación, ir y venir, nuevos comercios y hasta bullas en algún punto de Francos, pero mayoritariamente de turistas y de comercios a su servicio.

El llanto por el comercio tradicional se ha convertido desde hace años en un subgénero que prolonga el género de los cielos que perdimos nacido en los terribles años 60. No es solo nostalgia. Es tan natural, y ha pasado siempre, que unos comercios cierren y otros abran como que las costumbres ligadas al consumo cambien. Una ciudad no es un museo, por supuesto. Pero hay que hacer tres puntualizaciones. Cuando un negocio de las calles más comerciales del centro cambiaba de manos y de uso el nuevo propietario procuraba invertir en decoración de escaparates e interior porque esta era importante como imagen de su negocio. El nuevo propietario era casi siempre nativo. Y su comercio servía principalmente a los vecinos que también eran mayoritariamente nativos.

Esto era así porque el centro estaba habitado sobre todo por sevillanos de nacimiento o de elección. Hasta el mismísimo y tan turístico barrio de Santa Cruz, reinventado en los años de la exposición del 29, estaba habitado hasta los años 90 mayoritariamente por vecinos a los que servían un montón de comercios de proximidad que incluían ferreterías, droguerías, panaderías, fruterías, ultramarinos, papelerías, librerías o quioscos de prensa. Lo sé porque he vivido allí entre 1963 y 1965 y desde 1982 hasta hoy. Solo queda el que fue ultramarinos de Paco, tan querido y recordado por los vecinos más viejos. Lo mismo sucede con la calle Flancos y muchas otras de la ciudad.

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