La aldaba

Carlos Navarro Antolín

cnavarro@diariodesevilla.es

El callejón de los desaliñados

La relajación de los usos sociales afecta ya al callejón de la plaza, que era ejemplo de orden y buen gusto

Lo vimos el sábado en el espléndido festival a beneficio del Baratillo y de la Esperanza de Triana que se curró el abogado Moeckel, al que Morante de la Puebla brindó su toro. Llenazo en la plaza como en los mejores tiempos. Era un día festivo, con los precios más bajos y el personal llegando a la plaza procedente del almuerzo, en muchos casos regado con más alcohol de la cuenta. Se notó tanto el ambiente puramente festivo como el efecto de los tragos largos. Luces y sombras del espectáculo. En los toros se siguen sirviendo destilados, mientras que en el fútbol impera la ley seca, como en los bares del centro en la Madrugada. En el tendido siete hubo pelea, como en la sevillana del Corral del Conde. Escrito está que la auténtica fiera ruge en el tendido y vaya si rugió esa tarde hasta que llegó la Policía Nacional y se llevó a los implicados tras unos instantes de nervios y manos al cuello. La ingesta de alcohol y las calores no son buena combinación. Si en los tendidos reinaba la alegría con momentos de nervios, en el callejón se contemplaban atuendos que en otros tiempos eran absolutamente inapropiados. Era el callejón de los desaliñados, fiel reproducción de lo que se aprecia ya en la calle cualquier día del año. Antaño todo el que tenía una localidad en el callejón acudía perfectamente arreglado, desde los representantes de los actuantes hasta los de la empresa, pasando, por supuesto, por los caballeros maestrantes. Ahora se ve mucho cuello abierto, algunos hombros al aire y chaquetas del factory. Recuerdo cuando fue noticia la presencia de la primera mujer en el callejón, una compañera fotógrafa de la prensa. Queda poco para ver el primer pantalón pirata. Los mejores trajes del callejón el pasado sábado fueron los de los alguaciles y el susodicho Moeckel. El callejón era siempre un ejemplo de orden en todos los sentidos, aunque en días de lluvia se formaran charcos, un problema que ha sido resuelto tras la pavimentación del firme con adoquines, una reforma aprobada por los señores de la Comisión de Patrimonio. La relajación de los usos sociales ha llegado al callejón de la plaza de toros, donde la grada de los maestrantes se va a quedar a este paso como reserva del buen vestir -con derecho a horchata tras el tercer toro- en un espectáculo donde hasta el vendedor de las almendras siempre ha ido de impoluto blanco con su canasto de frutos secos al grito de "¡saladaaaaaaa!". Uno miraba al callejón el sábado y parecía estar en las calles del casco urbano de Matalascañas, Mazagón o El Rompido. El callejón siempre debe ser de primera, sea en una tarde de Feria o en un festival que tanto bien hace a la Fiesta.

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