La aldaba
Carlos Navarro Antolín
La lluvia que limpia, fija y da esplendor en Sevilla
Sensaciones variopintas están registrándose en esta pretemporada bética. Sensaciones de todo tipo, pero siempre como en un más de lo mismo, con esa cohorte de vociferantes que confunden exigencia con rigurosidad y que no aceptan cuanto venga de la cabeza dual Haro&Catalán. Sensaciones de todo tipo en un verano atípico en el que se unen economía por los suelos y pretemporada a cencerros tapados. Ah, y la segunda equipación.
Lo de la segunda equipación es un caso digno de estudio en el universo Betis. Aun a sabiendas de que el verde es tabú en la ropa alternativa, el personal erre que erre y sin que acepte ningún otro color. Hubo años en que el equipo vestía de una tonalidad que se asemejaba a caca de recién nacido y era horroroso verlo vestido de esa guisa. Luego han cambiado anualmente y este año toca morado, me imagino que no será por la enseña podemita, que hasta ahí podíamos llegar.
Me gusta el morado Hermandad de la O de este año, como me gustaba cuando de niño aparecía el Madrid de Di Stéfano vestido de esa guisa en Nervión. También el Valladolid suele usar esa segunda equipación y no parece que en esos lugares se reciba de tan mala manera dicha solución alternativa. Pero como en el Betis el cabreo se ha hecho crónico, pues lo mismo da que la segunda equipación sea del color que sea, que la reacción adversa está servida, vaya que si lo está.
Ya sé que defender esa decisión tan morada será motivo más que suficiente para que se me tilde de palmero, o de poco exigente por esos neobéticos que saben lo que quieren, pero que no aportan una sola solución para conseguirlo. Y para que el calificativo de agradaor o palmero no decaiga, me llegan noticias de que la llegada de Pellegrini ha supuesto un soplo de normalidad en el vestuario aun aceptando que el mercado no se presenta este año muy favorable para el Betis.
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