sueños esféricos

Juan Antonio Solís

La década simétrica

ESTE 28 de mayo, José María del Nido cumple una década investido del cargo que siempre soñó, ser presidente del Sevilla FC. No lo va a hacer con los índices de popularidad por las nubes.

Si plasmamos sobre un papel la trayectoria del club a lo largo de estos diez años, salta a la vista un perfil tan simétrico como la fachada del Partenón. De una simetría que asombra. Que asusta. Allá por 2002, cuando el presidente estrenó su despacho, el equipo de Caparrós acababa de quedarse a las puertas de la Copa de la UEFA, como ahora se va a quedar, si no lo remedia la madre de todas las carambolas, fuera de la Europa League. Un ligero matiz: si entonces el sevillismo se mostró orgulloso de que un equipo recién ascendido se asomara a un objetivo para el que no estaba llamado, hoy, esa misma afición se indigna por cómo el primer equipo de una entidad con 90 millones de euros de presupuesto se afana por llegar a los 50 puntitos. Más simetría: dos años después de la llegada del abogado a la presidencia, la hinchada acudió alborozada a la Puerta de Jerez para celebrar la clasificación continental con aquel gol de Julio Baptista a Osasuna. Y hace dos años, otro pico exitoso en el perfil de esa trayectoria supuso una Copa del Rey… después de que la clasificación para la gran final, en pleno debate sobre Jiménez, apenas se festejara (aquí otro matiz) por las calles de Sevilla.

El cénit de esta década aparece justo en el medio, hace cinco años, coronando el frontispicio de este particular partenón: ese 2007 colmado de una gloria que ni soñada. Desde entonces la devaluación de la plantilla (del orto al ocaso, del orto a Orta) ha sido constante, año tras año. El reflejo de este proceso degenerativo ha sido ver en el último derbi, como improvisado lateral derecho (había que vender a Cáceres…) a Luna, un chaval que lucha por aprender a defender en su ala natural, la izquierda.

Si en 2007 el Sevilla llegó a ser el mejor equipo del mundo, hoy va camino de acabar la temporada como el tercer equipo de la comunidad más castigada de un castigado país europeo. Sobran el orgullo por orgullo y las ínfulas (un grande continental jamás vende a su mejor defensa en invierno). Urge la modestia para la autocrítica y la regeneración. La modestia que obró aquel pequeño milagro con Alés, Caparrós… y Monchi. ¿Seguimos matizando con Monchi?

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