Se deroga y no se deroga

Derogación es la palabra mágica que prometió Sánchez y que contenta a Podemos, pero aquí no se deroga nada

07 de noviembre 2021 - 01:46

Hay que quitarse el sombrero. Lo de menos es que diga hoy una cosa y mañana la contraria con idéntica firmeza y solemnidad, o que haga lo opuesto a lo que dice sin reconocer que lo hace. Lo prodigioso de Pedro Sánchez es su astucia y habilidad para manejar las situaciones difíciles, convertir los problemas en oportunidades -sin resolverlos-, manosear las palabras hasta que signifiquen lo que a él le interesa que signifiquen, imponer el relato de las cosas que mejor cuadre a su estrategia y teatralizar los conflictos y tensiones de la vida pública para dar un envoltorio estéticamente atractivo a un final necesariamente feliz. Un maestro.

A cuenta de la reforma laboral, que se comprometió a abolir en cuanto llegara a la Moncloa y se recomprometió a derogar en el pacto de coalición con Unidas Podemos, se ha montado una vorágine de presiones y ultimátums, dimes y diretes, rasgamiento de vestiduras, altisonancias y demagogias, y hasta una insólita cumbre decisiva (¡entre un presidente y sus ministras!) para alcanzar un acuerdo espectacular: se va a derogar la reforma laboral de Rajoy sin derogarla. Se ofrece a Yolanda Díaz la palabra derogación -¡y ella se conforma!-, pero a continuación se centra el objetivo en una mera modernización de las relaciones laborales y se concluye que lo que se haga será siempre por consenso (o sea, con la anuencia de la CEOE, no sólo de los sindicatos) y siguiendo las pautas de Bruselas, insalvables si queremos acceder a los fondos europeos. Como ha exigido siempre Nadia Calviño, la otra gran protagonista del enredo ideado y zanjado por Sánchez.

Del alcance limitado de la reforma de la reforma da buena cuenta el hecho de que nunca se ha propuesto revisar siquiera el aspecto más directamente lesivo para los trabajadores de la normativa de 2012 (la drástica reducción de la indemnización por despido improcedente, de 45 a 33 días por año), que seguirá en vigor, o la retirada por parte del Gobierno de una de sus iniciativas más absurdas y disparatadas: la exigencia de que las empresas de todos los sectores productivos tuviesen como contratados temporales a un máximo del 15% de su plantilla anual.

En fin, lo que se va a hacer en España es modernizar parcialmente las relaciones laborales tratando de disminuir la temporalidad y la precariedad del trabajo sin afectar en profundidad a la generación de empleo. Llamándolo derogación de la reforma del PP, eso sí, pero sin derogarla.

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