antonio zoido

Historiador

Por detrás de Escipión

La dejadez del patrimonio arqueológico del Aljarafe viene de muy lejos, del tiempo de la Ilustración

Desde hace algún tiempo aparecen con frecuencia noticias que hacen referencia a la dejadez o el abandono de los restos arqueológicos del Aljarafe con espléndidos ejemplos como el Tesoro del Carambolo o los dólmenes de Valencina. El asunto amenaza en convertirse en el pim-pam-pum habitual entre gobierno y oposición desde hace unos 40 años, que sólo sirve para despertar sentimientos tribales en gentes a las que, hasta que saltó esta cuestión, sólo habían visto un menhir en la espalda de Obelix.

Pero deberíamos partir de otro punto: en el de pensar si la dejadez no es, en realidad, incomprensión que viene de mucho más lejos: del tiempo de la Ilustración, cuando España comenzó a marchar con el paso cambiado en Europa y no asimiló conceptos como los de paisaje o patrimonio social porque en las universidades no se pasaba de la constatación escolástica de los hechos, esto es, de un positivismo primario, gárrulo, hilvanado con fechas, tumbas y héroes.

Fue eso lo que llevó a que en el XIX sólo se consideraran dignos de representar el pasado grandes edificios singulares desprovistos de toda conexión con su entorno y que únicamente sobre ellos recayera el calificativo de "monumentos" (recuerdos, en latín), conectados -además- con la Historia oficial.

Gracias a ello, nadie robó, como hicieran Inglaterra y Francia, los de la América precolombina pero tampoco nadie se ocupó de los restos andalusíes -incluida la Alhambra- que no hubieran sido "bautizados". Itálica, cuyo territorio puede que no fuera escogido por Escipión el Africano al albur sino sabiendo que sus alrededores habían sido colonizados por culturas de adversarios allende y aquende el Mediterráneo, como los fenicio-cartagineses, volvió a la vida en tiempos de la Alianza del Trono y el Altar gracias a que, entre sus habitantes, se descubrió a un tal Longinos, identificado de inmediato con el centurión de la lanzada en el costado del Redentor.

Efectivamente, como ha dicho su alcalde, hurtarle a Camas la posesión del Tesoro del Carambolo fue una cacicada franquista pero, sin la visión de conjunto de la que se carece, hoy hubiera dado lo mismo que esa colección excepcional de joyas estuviera allí o en el banco en el que reposa: en un lado o en otro seguiría sin estar puesta, realmente, en valor. Sin servir, no para atraer turismo (ahí es donde reside el gran problema de la Razón Pura de Andalucía) sino para reforzar la Razón Práctica de pertenencia a una colectividad necesitada (como todas aquellas que lo son de verdad) de un pasado propio para poder existir dignamente.

Seguimos sumidos en la mentalidad positivista, dependiente también de un creacionismo aplicado a la Historia, que fue adoptada sin dificultad alguna por el ancienne regime. Con ella nos plantamos en el siglo XX, fue la que siguió imperando en tiempos de Franco y ahí seguimos: en plena Democracia pero, en lo que se refiere a tener conciencia de aquello que nos pertenece, bastante más atrás que Escipión el Africano.

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