Elogio del cartel de la Presentación

22 de febrero 2026 - 03:11

La bellísima fotografía de Manuel Leal premiada en el certamen fotográfico de la Tertulia El Rinconcillo hace justicia a dos cosas. La primera, el extraordinario palio de la Presentación, la obra maestra de Rodríguez Ojeda en lo que a los de cajón se refiere, cuya elegante pureza conserva pese a las transformaciones a las que fue sometido desde la Madrugada de 1916 en que se estrenó. Lo es por sus bordados; por las ventanas abiertas en las caídas, a través de las que, como la lumbre cálida, familiar, del hogar de Nazaret, se escapa la luz de la más nutrida y esplendorosa candelería de Sevilla; por los originales y recogidos candelabros de cola de Ferrer añadidos en 1930; por su lujo elegante y su proporción exacta que exalta como la Madre de Dios merece a esta Virgen hermosa y joven que Astorga pareció esculpir para atenuar la severa exigencia del Cristo del Calvario, pero sin ofender la discreción y el recato de la que, de entre las dolorosas sevillanas, es la que mejor representa a la joven madre que guardaba todas las cosas que no acaba de comprender, meditándolas en su corazón.

Al igual que Farfán revolucionó los pasos de Cristo al interpretar el modelo canónico del Gran Poder en caoba y con hachones, como correspondía al severo Cristo cuyo cuerpo-cruz tan genialmente Juan Sierra definió como un salmo suspenso, Ojeda dio a la Presentación lo que su dulce recato exigía.

Todo está en este cartel en el que, como en todas las buenas fotografías, no solo hay captación mecánica de la realidad, también interpretación de los valores y captación de la esencia de lo que se fotografía a través del momento escogido, el encuadre y la luz.

La segunda cuestión a la que se hace justicia es la fotografía, arte desde hace años despreciado o infravalorado por el Ayuntamiento y el Consejo que, paletamente, prefieren la pintura por mediocre o mala que sea. A estas alturas, como es sabido y el cartel de Manuel Leal confirma, considerar la fotografía un arte menor demuestra tanta ignorancia como cortedad de miras.

Es además hermoso que este cartel presente el palio de la hermandad de Joaquín y Emilio Sáenz Cembrano y de Emilio Sáenz Suárez. Tan gran pintor fue Joaquín como grandes fotógrafos son el maestro Emilio y su hijo. Quien tenga ojos, vea.

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