Cateto a babor

El fin del estrés colateral

Decidir en qué caja te vas a poner en un supermercado me causa estrés porque siempre fallo en mi elección

La humanidad mejora día a día sin que apenas nos demos cuenta y uno de los grandes males que hemos sufrido muchos humanos tiene los días contados. Me refiero al estrés colateral. No sé si habéis sufrido este síndrome pero para mí es un verdadero sufrimiento cuando voy a los supermercados e hipermercados. Se manifiesta cuando, ya con el carro completito, te dispones a entrar en la zona de pago y te vas a situar en una de las cajas. Entras en ese momento en una situación de incertidumbre para decidir en la cola de qué caja te vas a poner.

A mí es una situación que me agobia tremendamente porque además siempre fallo en mi elección. A veces llego a la cola, miro para el otro lado y me parece ver que en una de las colas del final no hay nadie y me voy para allá emocionado riéndome además un poco por dentro porque todos los que están en las otras colas no se han dado cuenta… qué listo soy, me digo mientras avanzo por el pasillo como si fuera un Fernando Alonso de los carritos de supermercado. Pero cuando llego al sitio… tirirí, tirirí, y resulta que tras unas estanterías había camuflados lo menos 15 colistas, todos igual que tú, jugando con el móvil para soportar la espera.

Otras veces tomas una decisión estratégica. En una de las colas te ves a una familia con dos carros más llenos que el buzón de quejas del ministro de la Seguridad Social y en otra hay un señor con una bolsita de naranjas de zumo. Apuestas por el naranjismo y te sitúas detrás del tío, más pegao que un defensa cuando le toca lidiar con Messi. Pero llega a la caja y resulta que hay un problema con el código de las naranjas. La cajera contacta con la encargada, la encargada mira las naranjas, se las lleva para comprobar de dónde vienen… y va hasta Valencia a comprobarlo. Al otro lado, el del carro voluminoso avanza a una velocidad de vértigo, porque para colmo llevaba 63 cajas de Cruzcampo y esas pasan de una vez. Te acuerdas de tu familia por parte de padre, de tu falta de intuición colística y tu estrés sube más que el precio del kilowatio hora. Cuando te toca pagar… ya las naranjas hasta se han puesto maduras.

Por eso el otro día cuando visité un hipermercado de estos del 3x2 hasta en los huesos de las chirimoyas, vi que habían puesto la caja única, la cola única para pagar. Me pareció que en un momento mi estrés colateral, que había sufrido durante tantos años, había desaparecido. No pude evitar emocionarme y comprendí en un instante lo que es el progreso. Por fin los supermercados hacen lo que hacía el puesto de churros de La Guapa desde hace una jartá de años: Viva la unicola en los hipermercados.

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