NOTAS AL MARGEN
David Fernández
Menos ideología y más criterio
El Ayuntamiento quiere desperdigar el rebaño turístico por otras rutas fuera del cardo máximo de visitantes (Reales Alcázares, Archivo de Indias y Catedral). Difícil empeño, me temo. Ni siquiera el hedor de las cagarrutas que dejan los coches de caballos ha movido a los turistas a tomar áreas alternas, libres de pestilencia. Ahora se les quiere llevar a conocer otros lugares, caso de las Atarazanas, como si el antiguo arsenal naviero se hallara en los señoriales predios de El Vacie y no a un paso de la gran montonera de turistas.
No hay día en el que los medios no hablen de turismofobia. Hay hartazgo en gran parte del pueblo aborigen. El fastidio podría propiciar ideas no deseables alentadas en las redes. El turismo trae supuesta riqueza en la medida que expande su gangrena. Sus beneficios al bien común se difuminan en un limbo de apariencia y engaño. Uno se pregunta en qué revierte la riqueza, qué efectos visibles y prácticos trae consigo, qué mejoras inmediatas producen en el rutinario pormenor de la ciudad. La gangrena, en cambio, es bien visible y cotidiana. De ahí el turismo borreguero, que deglute el espacio y altera los hábitos propios. Sin querer dar ideas, llegará el día en que se pongan de moda quedadas para molestar, asustar y, llegado el caso, apalizar turistas con efecto viral. No sería descabellado.
Hace unos días el consejero del ramo de la Junta de Andalucía escribía aquí una exultante tribuna con motivo del Día Mundial de la Plaga (quiere decirse el Día Mundial del Turismo). No hubo ni una sola mención –ni siquiera menor– al daño que el turismo de aluvión ha traído al centro de las ciudades. Los políticos se han convertido en algoritmos resultadistas. Leer el panfleto del consejero nos ha sumido a algunos en una irritabilidad agravada, para colmo, con la siniestra vuelta del calor a nuestras vidas.
Ahora, como se decía, la solución contra el turismo centralizado consiste para el Ayuntamiento en desperdigarlo por Nervión, Triana y la Macarena. Quiere decirse, pues, que lo que se desea es expandir la gangrena. No se habla de repensar el modelo, ni de educar en formas y criterios a empresas turísticas que no dejan de tematizar el entorno con el lucro rápido y soez de sus negocios (hay salvedades). Alguien dirá que estamos insuflando ideas a tarados abducidos por las redes sociales. Pero no tardará el día en que se produzcan conatos de atentados o su parecido contra el lobby turístico. Ver saltar por los aires a uno de estos nuevos Tuk Tuk dejará de ser carnaza creativa para un guionista mal pagado de Netflix. Avisados estamos.
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