Tomás garcía Rodríguez

Doctor en Biología

El jabonero de la China

La vida en las ciudades nos distancia del mundo natural, y acudimos a una naturaleza domesticada

Los saberes populares de antaño sobre el uso y cultivo de las plantas entraban dentro de lo cotidiano y necesario para la supervivencia de unas familias que vivían en estrecha relación con la naturaleza, transmitiéndose sus preciados conocimientos de generación en generación. El jabonero de la China -Koelreuteria paniculata-, oriundo de este país asiático y naturalizado en Corea y Japón, es una de esas especies conocidas desde hace milenios con múltiples utilidades y propiedades benefactoras. Florece en nuestras latitudes a finales de primavera en panículas terminales amarillas, constituyendo un asombroso espectáculo sus maravillosos racimos de frutos con tres caras que, cuando maduran, semejan cápsulas de papel; por ello, es conocido como árbol de los farolillos, los cuales persisten en invierno y resuenan como sonajeros cuando el viento bate. Es uno de los cinco árboles conmemorativos de la antigua China -junto al pino, la tuya, la acacia del Japón y el álamo-, siendo plantado junto a sepulcros de escritores y eruditos. Usado tradicionalmente como remedio de varias enfermedades, con sus semillas se confeccionaban collares, mientras el apelativo común de jabonero se debe al contenido de sus hojas en saponinas y otros agentes emulsionantes espumosos que lo convierten en un agente limpiador.

La belleza de su brotación foliar rojiza en primavera, la coloración otoñal anaranjada y sus evocadores farolillos amarronados confieren a la planta virtudes paisajísticas de indudable valor estético en alineaciones de calles y en parques. Cultivada por primera vez en Europa en el siglo XVIII -en los jardines londinenses de Kew-, se pueden contemplar en Sevilla, entre otros lugares, en el Parque de María Luisa, en la plaza de las Mercedarias del barrio de San Bartolomé o en las calles Pablo Iglesias y Juan Antonio Cavestany. En estas avenidas, han sufrido a comienzos de verano podas extemporáneas sin motivo aparente, las cuales pueden afectar en esta época a la propia planta o a los pájaros y demás animales que acuden a sus copas buscando cobijo, protección, espacios para criar, sombra...

La vida en las grandes ciudades nos distancia del mundo natural del que procedemos, por lo cual se acude al mantenimiento de una naturaleza domesticada en sus calles, plazas y jardines. De este modo, es posible disfrutar de plantas procedentes de los confines del planeta que nos inducen a imaginar tierras de ensueño y a respetar a los seres vivos que conviven con nosotros en el hostil medio urbano, haciendo más llevadero el alejamiento del añorado edén que reclaman nuestros genes ancestrales...

"Creo que una brizna de hierba no es menos/ que el día de trabajo de las estrellas,/ y que una hormiga es perfecta,/ y un grano de arena/.../ y que la rana es una obra maestra/ digna de los señalados,/ y que la zarzamora podría adornar/ los salones del paraíso,/.../ y que un ratón es milagro suficiente/ como para hacer dudar/ a seis trillones de infieles"

Walt Whitman.

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