Azul Klein

Charo Ramos

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Un juramento

La poesía de Julio Mariscal, reeditada por La Isla de Siltolá, revive en el concurso de cante por Peteneras

El juramento hipocrático que, como ritual iniciático, se sigue prestando por los alumnos recién egresados en muchas de las facultades de Medicina occidentales, aunque expurgado de incómodas referencias a divinidades paganas, mantiene un tanto anacrónicamente la regla que establece las obligaciones para con los preceptores: "Tributaré a mi maestro el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren". Pienso en esa declaración mientras el periodista Jesús Vigorra explica en el polideportivo del instituto de secundaria de Paterna de Rivera que muchas de las letras que van a escucharse en la final del Concurso de Cante por Peteneras las compusieron poetas y profesores que, como Antonio Murciano, perpetuaron una tradición que conectaba con el romancero y la lírica popular. Vigorra, que fue profesor antes que un reconocido comunicador, se metió al auditorio de cabales en el bolsillo al recordar con admiración a otro poeta arcense, Julio Mariscal Montes, que estuvo más de una década trabajando como maestro de escuela en Paterna, compuso allí letras para Rufino y otros grandes cantaores y aprovechó tanto la estancia que le inspiró una de sus mejores obras, Tierra de secano. A Julio Mariscal lo reivindicó merecidamente el sello La Isla de Siltolá con una hermosa edición de su poesía completa introducida por Blanca Flores Cueto.

La cantaora local Catalina Sevillano fue quien ganó el sábado el disputado concurso de peteneras y quién sabe si el premio servirá para que esta enfermera, cuya bravura y melismas recordaron a La Paquera, se anime algún día a dedicarse a tiempo completo al arte jondo. La final fue el colofón de una semana de actos que Paterna dedicó a la Bienal de Sevilla y en la que también se otorgó a la onubense Rocío Márquez la primera Medalla de Oro de la Petenera a una mujer artista. Con una energía que nada tiene que envidiar al afamado concurso de Las Minas de La Unión, la cita gaditana la organiza el comisario Fernando Gallo, un profesor y gestor cultural que lleva años peleando por que el flamenco llegue a las aulas y se generalice como un recurso didáctico que facilite el acceso a la literatura, la música, la gramática, la expresión escénica y tantas otras enseñanzas.

Con las voces de Mayte Martín y Arcángel, encargados de cerrar el certamen, se pudo ahondar en las formas diversas que adopta la gratitud a los maestros. La cantaora catalana, en un exigente recital de corte clásico, tuvo tiempo de homenajear por peteneras a La Niña de los Peines y por tientos-tangos al sevillano Rafael de León, cuyos sonetos y romances traspasados a coplas y bulerías, como la hermosa y afilada Ten cuidado, la traerán de regreso al Teatro de la Maestranza el próximo 25 de enero.

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