El milagro de la Encarnación

El testimonio de Pepe Fernández es revelador: “Tengo mal cuerpo, tomo café en ese sitio cada día con mi nieta”

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El árbol caído en la Plaza de la Encarnación.
El árbol caído en la Plaza de la Encarnación. / José Ángel García

18 de septiembre 2023 - 04:00

No hay otra forma de definir cuanto ocurrió (o no sucedió mejor dicho) a primera hora de ayer en la parte de la plaza conocida popularmente como La Encarnita. Se desprendió una buena parte del gran ficus que preside el lugar sobre una zona de bancos y veladores que suele estar repleta de público de todas las edades. A la hora del incidente, al alba del domingo, no había nadie, por fortuna. O por... puro milagro. Estremece comprobar el estado de la farola (vencida) y la papelera (destrozada) que uno de los troncos se llevó por delante. Si el árbol se despeña a las once de la mañana o a las seis de la tarde estaríamos contando víctimas. El alcalde acudió a la plaza y reconoció que los técnicos estaban al tanto del mal estado del árbol desde precisamente el pasado viernes, por lo que estaba prevista una intervención. “No hemos llegado a tiempo”. Quizás hubiera sido muy recomendable acordonar la zona ante el riesgo inminente de caída si es que, efectivamente, se tenía ya información precisa sobre el mal estado del árbol.

Esta ciudad tiene la dicha de librarse de determinadas tragedias. Tenemos buena suerte, o estamos protegidos por un manto celestial. Quienes acudieron ayer a curiosear el árbol desprendido pudieron comprobar la amplia zona afectada por la caída. “Yo tengo muy mal cuerpo porque casi todas las tardes tomo café con mi nieta de veinte meses en esta zona. A ella le encanta ir a saludar a los artistas que cantan precisamente bajo el árbol. Esto ha sido un milagro, Carlos, un milagro...”. Así nos lo contaba el periodista Pepe Fernández. Los usuarios de los veladores, los miles de transeúntes, los otros miles que acuden a contemplar o visitar las Setas, los que se paran a ver las actuaciones callejeras, los niños que acuden o vuelven de las Teresianas o del San Francisco de Paula... Todos los habituales de la Encarnación se han librado de una fatalidad. Hoy le dejamos un lirio morado a los pies del Cristo de la Buena Muerte, que preside la plaza desde un precioso azulejo, precisamente en esa fachada de la Anunciación que mira hacia el lugar del suceso. No había nadie porque Dios no quiso.

Un romero moría arrollado por una carreta en el Viso del Alcor el mismo día que muchos podían haber terminado sus días en la Encarnación. Nos hemos librado de la tragedia como cuando un guardia civil detuvo a Parot, que venía a volar la Comisaría de la Gavidia. O como cuando salimos corriendo en la Madrugada y todo se queda en un episodio de pánico. Estamos protegidos, pero la próxima vez, alcalde, que se acordonen los alrededores de un árbol en mal estado como medida cautelar y urgente.

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