La aldaba
Carlos Navarro Antolín
El ministro pícaro y el catalán impresentable
Aquel catedrático de Derecho Civil rechazaba los exámenes tipo test para evaluar a sus discípulos:“Los buenos alumnos se defienden como los calamares, gastando mucha tinta. ¡Escriban, escriban!”. Nada como tener que redactar dos, tres o cuatro folios sobre un tema para que el profesor pueda comprobar si hay un verdadero conocimiento y dominio de la materia. Claro que eso exige una corrección laboriosa. Evocaba a aquel maestro al sufrir las dos horas y media de comparecencia del ministro de Transportes. Los políticos se extienden con un blablablá interminable cuando pretenden salir ilesos de un asunto, confundir por agotamiento, fatigar por exceso de discurso. Son técnicas viejas que, además, se pueden presentar aviesamente como un ejemplo de transparencia. El político mediocre siempre se vuelve más próximo, abierto a dar explicaciones y hasta más humano cuanto más está afectado por una situación públicamente conocida, como una tragedia con 45 muertos. Las vueltas y vueltas a un relato y la escolta de dos altos cargos técnicos que pueden intervenir como “expertos” son recursos de defensa. El problema es que solo emplean esta fórmula esta cuando están con el agua al cuello. Estamos hartos de comparecencias institucionales –denominadas así para evitar las preguntas– tanto como de la parrafada del miércoles para, al final, no saber tres días después de la tragedia si funcionaban las cámaras de la estación de Adamuz, que son las únicas que podrían haber grabado la colisión de los trenes. No hay un calificativo más preciso que el de impresentable. Sería deseable que estos días de luto tuvieran, al menos, el efecto de reducir las payasadas de nuestra clase dirigente en las redes sociales, el cultivo de los zascas, la pérdida de tiempo y energía en asuntos que no mejoran la calidad de vida de los ciudadanos.
Anda suelto estos días un individuo de Junts que tiene la poca vergüenza de pedir más competencias en la gestión de los trenes como forma de lograr la “independencia”. El tipo responde al nombre de Salvador Vergés: “La dependencia de Cataluña del Estado Español nos lleva a esta situación, por eso reclamamos el traspaso real de Rodalies y no este traspaso estafa”. Soltó esta mamarrachada con un muerto y 37 heridos en el accidente del cercanías de Barcelona. Otro impresentable a sueldo. Que los buenos alumnos se defiendan como los calamares y los barandas que sufrimos empleen las horas en gestiones productivas, clausuren la factoría de las frivolidades, parloteen mucho menos, vayan más al grano y no solo parezcan melifluos cuando tienen encima una losa. Lo más favorable que se puede decir de Óscar Puente es que es un pícaro habilidoso. Pero no sirve. Otra cosa es que el nivel haya bajado tanto que hayan encontrado hueco quienes en condiciones normales no hubieran pasado de llevarle la maleta a un subsecretario de Estado. Ayer trató de confundir, distraer y ganar tiempo. Ni siquiera lució corbata negra pese al luto oficial.
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