Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Y el minuto 93 cambió de camiseta

11 de agosto 2016 - 01:00

DOLOROSAMENTE, iba a ser en el tan celebrado minuto 93 donde al Sevilla se le vino la noche encima. Hasta ese momento era imposible dudar de que un nuevo título abrillantaría la bien nutrida sala de trofeos de Nervión. Ya sé que no fue ante el Real Madrid real y que la tropa que ordenó Zidane nada tenía que ver con la que afrontará el curso, pero convengamos que la imagen del Sevilla salió con muy bien pie de la cita noruega.

El equipo defiende muy compacto y mientras las fuerzas estuvieron intactas únicamente el incontestable misil de Asensio hizo sangre. Particularmente me sorprendió bastante la alineación, con ausencia de muchos de los caros refuerzos de este verano. Sobre todo resultó inesperada la presencia de Kiyotake y el importante rol de Iborra como tuétano del esqueleto. Pero lo cierto es que nada puede objetarse de la decisión tomada por Sampaoli en la pizarra.

Maniató a la perfección al rival, sacó petróleo de su primera opción de gol al filo del descanso y apeló a la calidad de Konoplyanka tras el descanso para ganarle terreno al Madrid. Me gustó el Sevilla, que se muestra con exquisito gusto en el trato a la pelota, algo que se reflejó en los tiempos de posesión. Tener el balón más tiempo que el Madrid no es tarea fácil, aun teniendo en cuenta lo circunstancial de su alineación, sobre todo lo circunstancial de su alineación.

Al final, ese minuto 93 tan celebrado por un sevillismo que hasta lo elevó a carácter de eslogan iba a resultar fatídico. La prórroga, con uno menos, ya no ofreció nada bueno y al final, la tragedia. No pudo el Sevilla añadirle laurel a su camiseta, pero tiene la oportunidad de revertir la situación sin tiempo para lamerse estas heridas junto a los fiordos. Buena imagen del Sevilla de Sampaoli y el optimismo que da lo mucho que el rosarino se dejó en la caseta.

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