¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Hotel España
NUESTROS políticos cruzan mal Despeñaperros. La paz mediática de Andalucía, tantas veces bajo sospecha de sedación institucional, se pierde cuando se encienden los focos de los medios nacionales. Ahora señalan a Chaves, por ajustes inherentes a la polarización política, con argumentos menores en la escandalera patria. Una de las incorporaciones más relevantes en la reciente remodelación del Gobierno sufre el fuego de las baterías periodísticas y, en las trincheras, se escuchan los primeros aplausos.
Las denuncias adquieren distinto relieve según quién ilustre la cartelera de la sospecha. Las hinchadas de los grandes partidos se sienten gratificadas cuando pitan penalti a un contrario, como si se jugase aquí la liga de la delincuencia política. Las crónicas levantan barricadas a la transparencia y presentan como hechos probados los argumentos de la lucha partidaria. Cuando la justicia interviene, se tasan sus decisiones en clave política, echando por la borda la independencia de los tribunales, que revierte sobre la ciudadanía. Los jueces no reparan las grietas del sistema, sino que son sus inquisidores políticos.
El caso Gürtel, que amenaza con un gran desmoronamiento político, se gestiona de forma ambigua en la cúpula popular, que se balancea entre los sectores más democráticos y aquellos, muy arraigados en la historia reciente, que buscan cerrar filas en un todos-a-una imposible. Rajoy es ahora -lo hemos visto con Fabra-, la tabla de salvación, pero, si tarda en desprenderse de los rufianes, veremos un Fuenteovejuna suicida.
Zapatero apela a la necesidad de un acuerdo amplio para superar la crisis. Es difícil la convergencia de intereses, y hasta tramposa la apelación, porque, con la crispación recobrada, es preciso un impulso previo, un llamamiento ético a la conciencia nacional, una movilización de voluntades. No se construye consenso sobre las arenas movedizas que se hurgan a diario.
Superar la crisis es trabajar por la sostenibilidad del sistema mediante la regeneración política y el rescate de la opinión pública. Decía Méndez Álvaro que prefería honra sin barcos que barcos sin honra, aunque lo ideal son los barcos [y los bancos] con honra. Autoridad moral para desautorizar desafueros como la jugada merengue de algunas entidades financieras, que, no obstante, siguen urgiendo oxígeno al Estado.
Todo recuerda el mundo al revés. Los funambulistas madrileños y valencianos aseguran tener los pies sobre la tierra; los banqueros hacen la ola a la crisis y meten un gol por la escuadra a la grada; y, en fin, al que fuera presidente de Andalucía le toca la pedrea en la ruleta de las pequeñas miserias.
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