La aldaba
Carlos Navarro Antolín
Tenemos derecho a llorar
El 28-F se cumple la cuarentena de este fatídico 18 de enero. La primera Asamblea Regionalista la presidió Blas Infante en Ronda, el pacto de Plácido Fernández Viagas se firmó en Antequera y el Estatuto Andaluz se redactó en Carmona, pero el corazón de Andalucía se ha trasladado estos días a una población que se ha apoderado de los noticiarios de todo el mundo. La patrona de Adamuz es la Virgen del Sol, pero todo ocurrió tras la puesta, que en esas estribaciones de la Sierra Morena es bellísima y majestuosa. “La noche, el caos, el terror/ cuanto a las sombras pertenece…”, dice uno de los himnos de laudes de la Liturgia de las Horas que se reza en los conventos de clausura. En el de San Clemente hay una monja cordobesa de Monturque. Dicen de este pueblo que es el centro geográfico de Andalucía. A pocos kilómetros está Adamuz, en el partido judicial de Montoro, la caldera de España.
Cerca de Córdoba colisionaban un tren Málaga-Madrid y un tren Madrid-Huelva. El Mediterráneo y el Atlántico en plena campiña. Y ese día en el estadio del Arcángel, una hora después del siniestro, se disputaba el partido Córdoba-Málaga. Los encuentros de fútbol son como líneas ferroviarias. Un duelo entre los poetas de Cántico y los de Litoral. Un partido de fútbol cercado por los ecos de una tragedia, como el amistoso Francia-Inglaterra que se disputó en el Estadio de los Príncipes el 13 de noviembre de 2015 el mismo día de los atentados de la sala Bataclan de París.
Uno se imagina que la red ferroviaria se inspiró en la red hidrológica. Las vías del ferrocarril son ríos de hierro y traviesas por los que navegan estos barcos mesetarios y ciclópeos. “Yo, para todo viaje/ siempre sobre la madera/ de mi vagón de tercera/ voy ligero de equipaje”. Los vagones de tercera del poema de Antonio Machado, que viajó en los trenes que lo llevaban a las joyas renacentistas de Vandelvira en Úbeda y Baeza, ya son como las televisiones de blanco y negro o los lecheros que llevaban la leche a las casas en sus borricas. El charleston de nuestros días es la Alta Velocidad. Pero el placer machadiano no ha cambiado, “yo siempre duermo en el tren,/ y, sin embargo, voy bien, ¡Este placer de alejarse!/ Londres, Madrid, Ponferrada, / tan lindos… para marcharse”.
Córdoba, Jaén y Sevilla son las únicas provincias andaluzas sin salida al mar, pero están mancomunadas por un océano de tierra adentro llamado Guadalquivir que une Cazorla con Doñana y que unió Europa con América. El Foro de Adamuz nos ha enseñado mucho más que el Foro de Davos. El choque de trenes, que ha dejado de funcionar como metáfora, llega justo en puertas de Fitur, pero la lección de generosidad, de valentía, de solidaridad, de agua y de mantas de la gente de Adamuz compensa con creces esa cursilería que ahora llaman daño reputacional.
Dicen las crónicas que Cervantes anduvo por Adamuz sacando aceite y trigo para las galeras. Su abuelo era cordobés y él estuvo preso en Castro del Río. No, Sancho, no fue una desigual batalla, fue una desgracia simpar, un entuerto que nadie supo desfacer. “El tren camina y camina,/ y la máquina resuella,/ y tose con tos ferina./ ¡Vamos en una centella!”.
También te puede interesar
Lo último