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Las nuevas cofradías

Lo que de verdad ha salvado la Semana Santa de su previsible secularización ha sido su modernidad

Dijo acertadamente el pregonero que las nuevas cofradías, las llamadas de vísperas, son el fenómeno cofradiero más importante de lo que llevamos siglo. Lo pensaba viendo el discurrir de la hermandad de San José Obrero por la calle Sol. Hoy, cualquiera de estas cofradías que salen los días previos al Domingo de Ramos podría hacerlo en los días grandes de nuestra celebración, y si no lo hacen es por la lejanía de sus templos o, simplemente, por la falta de espacio.

En realidad, esta buena acogida tiene mucha relación con la estrecha relación que se venido tejiendo desde el principio entre el poder civil, el religioso y las propias hermandades. Siempre que se les ha necesitado, ahí han estado las cofradías para articular el tejido social entre lo público y lo religioso, algo realmente complejo, pero que en el mediodía andaluz es una seña de identidad. Empezó en la Baja Edad Media cuando al hilo de la Reconquista aparecieron las primeras hermandades dando culto a las reliquias con el fondo de los pregones de las órdenes mendicantes; se consolidó con la Contrarreforma que propició las formación de las primeras corporaciones tal y como hoy las conocemos, beneficiadas por el oro que llegaba al puerto de Sevilla desde las Indias, y que nos legaron ese caudal de imágenes portentosas que todavía hoy procesionan; sufrió a duras penas con los nuevos postulados de la razón que trajo el siglo de las luces, agravados por la primera mitad del XIX, de la invasión napoleónica a los estragos de las desamortizaciones liberales; resurgió con fuerza con la Restauración y vivió nuevos momentos de esplendor con el regionalismo de la mano de maestros como Ojeda o Farfán; se vio reforzada por el nacional-catolicismo; y muchas bocas calló con la explosión que todos hemos vivido ya bien entrada la democracia.

Muchos invocan la tradición, pero yo creo que lo que de verdad ha salvado la Semana Santa de su previsible secularización ha sido su modernidad, representada en la capacidad de adaptarse a las condiciones sociales de cada momento que le ha tocado vivir. Por eso un hombre de la inteligencia del cardenal Fray Carlos Amigo lo tuvo claro con las cofradías de vísperas, tan necesarias además, por tantas cosas, en los barrios de la periferia. Si dice el papa Francisco que la religiosidad popular es el sistema inmunológico de la Iglesia, mucho tiene que ver sin duda el valor en alza de etas nuevas cofradías.

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