Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Ayesa como síntoma
El bellasombra u ombú, llamado en tierras hispalenses zapote o sapote, Phytolacca dioica, es una planta arborescente de origen sudamericano que está presente en Sevilla desde el siglo XVI. Árbol magnífico, sin par, con un tronco multiforme que suele partir de una gran peana que alberga nuevos retoños, forma un conjunto ornamental espléndido con su amplia copa y engrosada base. Es especie de crecimiento rápido con hojas perennes en regiones templadas y caducas en las más frías, longeva, que desarrolla inflorescencias en pies de plantas separados e infrutescencias con bayas color negruzco. El poeta uruguayo F. Silva Valdés incita a hablar al ombú de su terruño ancestral: "Yo soy un árbol sin flores,/ mis flores, al parecer, / son tan insignificantes/ que casi no se me ven./ Y así, soy árbol sin galas,/ mi madera no es madera;/ sirvo mucho para sombra,/ mas no sirvo para leña./ Sin embargo, soy el árbol/ más hermoso de estas tierras".
En 1526, Hernando Colón, hijo natural del descubridor de las nuevas Indias, obtiene unas antiguas huertas colindantes con la Puerta de Goles en el arrabal de los Humeros, posterior cuesta de San Laureano. Sobre un muladar allí existente construye un palacio, desaparecido a finales del mismo siglo, que albergará una librería cuyos textos manuscritos e impresos engrosan la colección bibliográfica privada más extensa de aquellos tiempos, germen de la Biblioteca Colombina que guarda sus fondos en la nave del Lagarto de la Catedral. En todos los libros recopilados, reza: "D. Fernando Colón, hijo de D. Cristóbal, primer Almirante de las Indias, dejó sus libros para uso y provecho de sus prójimos, rogad a Dios por él".
El humanista dedica parte de su finca extramuros a una plantación con cientos de especies traídas del Nuevo Mundo, conformando así el primer jardín botánico de la urbe. Entre las importadas se encuentra un zapote que alcanzaría los cuatro siglos de edad hasta que en 1902 urbanizadores inconscientes arrasan el plantío y desaparece este grandioso sapote de Colón, a pesar de las súplicas de ilustres voces de la ciudad. Es éste un modelo de desarrollo recurrente en nuestros pagos: demoledor y no integrador, que derriba y no restaura. Un bellasombra centenario conseguiría sobrevivir hasta nuestros días en la huerta chica del monasterio de la Cartuja, cerca del monumento en honor al navegante genovés; a falta de documentación fehaciente, la tradición manifiesta que fue colocado por el mismo Hernando en fecha indeterminada. El Paseo de las Delicias, el Parque de María Luisa, los jardines del Alcázar o los de San Telmo contemplan especímenes majestuosos de estos "bellos monstruos" con raigambre histórica y valor sentimental.
En el suelo del trascoro catedralicio descansa un hombre del Renacimiento que dejó un gran legado y un recuerdo imborrable en la villa que tanto amó. En su remozada lápida funeraria están grabadas dos de sus devociones: ¡cuatro libros abiertos y Sevilla en su Giralda!
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