Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Sobre el pánico
PÁNICO. Con ese adjetivo –que indica un estado de miedo o terror extremo, a menudo colectivo y contagioso– algunas crónicas definen el estado de ánimo de las filas socialistas ante la campaña que se cierra hoy en Aragón, segunda estación del nuevo ciclo electoral.
Ese miedo pánico lo han activado las expectativas demoscópicas que dibujan las encuestas: victoria clara del PP sin gran crecimiento, escalada importante de Vox y desplome histórico del PSOE. La tendencia es la misma que se vio en las urnas el 21 de diciembre en Extremadura. Pero si ahora en el PSOE entran en pánico es porque empiezan a comprobar que su estrategia de azuzar a la ultraderecha con el objetivo de debilitar al PP no sólo es errática, sino que a quien produce mayor destrozo es al partido que aún dirige Pedro Sánchez.
Se vio en Extremadura y el domingo sabremos si las encuestas tienen razón y se corrobora que en Aragón lo que ganaría Vox en su mayoría sale de lo que perdería el PSOE. Lo que anticipan los sondeos, según varios politólogos, es que el incremento del partido de Santiago Abascal procede más de un voto de rechazo y castigo a la situación sociopolítica que vive España en esta legislatura inviable que de una identificación ideológica con la ultraderecha. Y que ese crecimiento entre el elector cabreado perjudica mucho más al PSOE, que gobierna, que al PP, que está en la oposición pese a ser el más votado en julio de 2023. Se ve que a la mayoría no le compensa este Gobierno, contra lo que dice Sánchez. Y lo peor es que, si las elecciones del domingo lo corroboran, en poco más de un mes –15 de marzo– se votará también en Castilla y León y antes del verano en Andalucía.
El pánico tiene su origen en la mitología griega, que atribuye al dios Pan la capacidad de provocar un terror súbito e irracional, un miedo paralizante que desorganizó las filas persas y favoreció la victoria ateniense en la batalla de Maratón. En el socialismo español, el pánico, pues, es justificado.
Sánchez hace tiempo que tiene descontada la acumulación de severas derrotas en las autonómicas que jalonan este ciclo electoral. No le importa ese sacrificio si crea un contexto en el que tener una oportunidad para conservar el poder. En 2023, a martillazos y renunciando a todos los principios del socialismo, a duras penas lo logró. Ya se duda que ese mismo marco sea eficiente en 2026 o 2027, convoque cuando convoque. El pánico debería ser a la permanencia de Sánchez en el liderazgo, que, en su delirio de poder y en su autoengaño permanente, puede hacer un daño irreversible al PSOE.
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