¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
¿Y si le prohibimos el móvil a Óscar Puente?
HABILIDOSO ha estado Pedro Sánchez con su propuesta (mangada a sus socios de Gobierno) de prohibir el acceso de los menores de 16 años a las redes sociales, conocidas desde hace tiempo como las fosas sépticas de la información y el entretenimiento. Habilidoso porque ha sabido conectar con una preocupación de las familias y los pedagogos. Quien no tiene hijos adolescentes no sabe hasta qué punto las redes sociales han conseguido vampirizar las mentes de las nuevas generaciones. El problema es que no sabemos muy bien cómo se hará esto. La globalización que algunos ahora defienden con uñas y dientes conlleva también esa hiperconexión a través de dispositivos móviles y es muy difícil sustraerse del sentido de la historia. Aun así, bienvenida la iniciativa. Sánchez, además, ha tenido la suerte de que el mismísimo Elon Musk, uno de esos grandes villanos del tebeo en el que se ha convertido la política mundial (antes era una novela de espías) haya arremetido contra él de una manera grosera, en su línea habitual. El presidente Sánchez está jugando su última baza para erigirse en el líder de la izquierda internacional. Lo vimos antes con Palestina. En Groenlandia amagó, pero le faltó ese pelotón de soldados que sí mandaron otros a la Ultima Thule y que, según Spengler, eran los que en el último momento salvaban a la civilización.
De acuerdo, por tanto, con la propuesta de Sánchez (y que Dios nos perdone). Y a Musk que le vayan dando. Pero sería conveniente ser más ambiciosos en el plan e incluir en el mismo no solo a los atolondrados adolescentes, que demasiado hacen aguantando la batalla de hormonas que se libra en su interior, sino también a aquellos políticos que usan el aparato, tanto a la derecha como a la izquierda, para montar bronca, intoxicar y desinformar con cualquier excusa. Y el primero, por supuesto, sería el santo patrón de los crispadores e insultadores en la red, el hombre que ha dedicado lo mejor de su vida (como la canción de Julio) a producir tráfico y beneficios para Musk en vez de dedicarse a gobernar. Nos referimos, evidentemente, a Óscar Puente, cuya adicción a las redes y a la polarización le ha restado cientos de horas de gobierno, con resultados por todos conocidos, especialmente por los usuarios del tren.
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