Tomás García Rodríguez

Doctor en Biología

Un poeta en la trastienda

Nuestro cicerone de sueños siempre tiene una idea ocurrente o una frase bella

Los bares-tiendas que se mantienen hoy en día en el casco histórico de Sevilla tienen su origen en comercios de ultramarinos o almacenes de coloniales que abrieron sus puertas hacia los años veinte y treinta del pasado siglo. Sus propietarios procedían de distintas localidades, siendo la mayoría de ellos castellanos o montañeses, emigrantes hacia el sur en búsqueda de nuevas oportunidades. Mi padre fue uno de esos emprendedores, arribando a nuestros lares en la preguerra civil y abriendo una de estas tiendas-bares en el barrio judío de San Bartolomé; procedía de Guijo de Ávila, pueblo salmantino de donde también eran originarios algunos comerciantes muy conocidos y emblemáticos del Barrio de Santa Cruz, tales como Plácido en Las Teresas y Román en los Venerables. En estos establecimientos existía un pequeño tramo de mostrador reservado para que los clientes pudieran degustar una tapa adquirida allí mismo, servida sobre papel de estraza y acompañada de una cerveza, un vaso de vino, vermú... Una de las razones de la aparición de estas zonas acotadas, y trastiendas adaptadas para tal fin, fue la de atender a las mujeres que acudían a comprar y deseaban tomar después un tentempié in situ, ante la imposibilidad de acceder a los bares tradicionales de la época que, en su mayoría, eran tabernas o bodegas.

Nos detenemos pasado el mediodía en la calle Gamazo y entramos en Casa Moreno, uno de estos negocios híbridos que aún mantiene una tienda activa delante de la floreciente cantina. Nos encontramos inmediatamente con Francisco Moreno, actual patrono y tendero, que nació en la vivienda habilitada tras el antiguo almacén convertido posteriormente en bar, siendo hijo del tercer dueño desde su apertura hace unos cien años. Tras un pequeño arco, resto de la antigua puerta de separación con la trastienda-bar, nos recibe Emilio Vara con su eterna sonrisa; camarero y jefe de desayunos, tapeos y refrigerios desde su juventud e hijo del conocido y desaparecido periodista homónimo, figura destacada de la vida social hispalense en décadas pasadas. Emilio es poeta antes que barman y dependiente con alma de glosa, teniendo tapizadas las paredes, vitrinas y cámaras frigoríficas del colmado con poemas, dichos y aforismos escritos de su puño y letra en momentos cumbres, mientras atiende con buen humor al popular y distinguido público. Nuestro cicerone de sueños siempre tiene una idea ocurrente o una frase bella hacia los devotos a su palique simpático e imaginativo, convirtiendo la hora del aperitivo, en nuestro caso, en un agradable entremés castizo. Por aquí discurren personas anónimas y relevantes de la vida local y nacional: políticos, cónsules, embajadores, toreros, escritores, radiofonistas..., algunos casi de incógnito, siempre dispuestos a volver por la excelente calidad de los productos expendidos y, sobre todo, por la presencia y el trato de este trovador, servidor y amigo de su clientela, que nos ofrece cada día una ración de sublime alegría.

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